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Como parte del II Encuentro Costarricense de Psicología de la Liberación que tuvo lugar en Heredia, en el campus de la Universidad Nacional, del 17 al 19 de julio del año en curso, se trabajó el tema de educación. Las reflexiones de esa mesa de trabajo se publican en este artículo. Miembras/os: Isabel Rojas (Universidad de Costa Rica, Limón). Elent Cascante (Universidad de Costa Rica, Limón). Michelle Rostrán (Universidad de Costa Rica, Limón). Laura Paniagua (Universidad de Costa Rica, San Pedro). Luis Gómez (Coordinador de la mesa, Universidad Nacional, Heredia).
La situación actual del sistema educativo Una de los lugares comunes a la hora de hablar sobre la educación es la persistencia de la crisis, de manera tal que parece que la educación está una constante crisis, lo cual tiene como consecuencia la ineludible posibilidad de generar cambios y apuntar hacia una labor radical tendiente a la liberación y la transformación. No obstante a esta lectura, que enfatiza en el carácter dual de la crisis, y da prioridad a la esperanza como fundamento de cualquier lucha liberadora del sujeto, se propone de forma simultanea la necesidad de analizar los discursos de la crisis en la educación, mismos que desde el poder establecido ha servido para justificar la intervención desde arriba y desde afuera el campo educativo.
Es pertinente preguntarse que es estar en crisis para quienes enuncian estos discursos –y desde luego quienes son ellos-, para diagnosticar “la inmanente crisis de la educación” son criterios recurrentes la necesidad de mejorar las capacidades competitivas, la calidad del sistema educativo y la innovación en los educandos, a todo esto subyacen varias huellas epistémicas del neoliberalismo mismo como las reglas de un sistema que se mueve discursivamente sobre el carácter ineludible de la competencia –regla que para las transnacionales tiene consabidas excepciones-, criterios de calidad definidos por esa entelequia llamada mercado y la lamentable forma en que la creatividad es útil en tanto contribuye con la compulsiva premisa de innovar que sostiene al sistema.
Por otro lado se puede asumir que hay crisis en tanto el sistema educativo esta impregnado del mercadocentrismo devenido de la oleada de contrarreformas neoliberales tendientes a socavar cualquier esfuerzo contradictorio a la al carácter actual del sistema y enfatizarlo en sus aspectos más nefastos, el carácter reproductor, homogenizador y alienante.
Sin embargo como es sabido, en la medida en que hay represión hay resistencia, y se puede pensar en personas que apuestan a prácticas pedagógicas alternativas dentro del sistema, generando rupturas epistemológicas (aún desde los contenidos) y en la praxis que tienen un potencial esperanzador en la construcción de reformas desde abajo y desde adentro.
En el análisis sobre las coyunturas, problemáticas y propuestas la escena que se visibiliza tiende a ser la antes dicha, la del aula que refiere a la educación institucionalizada, pero un lugar desde el cual se están haciendo propuestas importantes es desde la educación popular, pues su apuesta surge desde el contexto y los sujetos sin pasar por el escrutinio de los filtros de la institución y procurando responder a las necesidades de los colectivos,
Queda pendiente considerar los posibles puntos de convergencia entre ambos propuestas educativas, pues aunque la educación popular da cuenta de la especificidad y trasciende las fronteras e imposiciones institucionales, la educación formal -institucionalizada- incide en una proporción considerable de la población, por ello abandonar la posibilidad de reformarla es dejarla presa de las contrarreformas (homogenizantes y excluyentes) y es también desistir de ayudar a quienes sufren el embate de estas ultimas.
En estos momentos en los que es común la referencia a los derechos humanos, y se piensa en el derecho a la educación, queda por preguntarse que lectura tenemos de los derechos humanos ¿Es una prominentemente normativa o de verdad los visualizamos como conquistas de colectivos que han luchado por ellos? De compartir la ultima opción entonces es necesario problematizar sobre a que tipo de educación queremos tener derecho.
En cuanto a la formación de sujetos críticos y transformadores de la realidad es necesario tener acuerdos sobre algunos puntos de partida en cuanto al pensamiento critico mismo y en torno al carácter de las transformaciones necesarias.
Consideramos necesario reflexionar sobre cinco supuestos que pueden aportar a la discusión del pensamiento critico pues este:
(I) “supone siempre un poner entre paréntesis”: implica poner entre paréntesis el poder, la norma, la institución, la autoridad, el dogma, incluso la pretensión de verdad.
(II) Además hace necesario “auto-reconocimiento y ruptura” (asumirse y reivindicar la subjetividad en este acto). Auto-reconocimiento empírico de la propia condición del sujeto, sobre la cuál, como diría Bourdieu (…) opera una ruptura del sentido común.
(III) “Todo pensamiento crítico es pensamiento crítico de sí mismo”. De lo contrario no podría haber crítica.
(IV) “Todo pensamiento crítico supone el peligro inevitable de la alternativa”.
(V) “Toda crítica es socialmente ubicada” Corolario: todas las ciencias son “sociales”, incluso la espectrografía de cristales.
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