Los estudiantes del Liceo XXX, clamamos por una educación entre pares, una educación donde el profesor se ponga en el lugar del estudiante, donde no sea otro tan distinto, tan lejano y tan ajeno a nuestros intereses, deseos y necesidades, como lo están ahora la mayoría de nuestros profesores. Nos gustaría que tengan más paciencia y se acuerden que tenemos mucha energía, que no se amarguen ni nos amarguen el rato. Esos profesores no comprometidos, son profesores que no dedican tiempo para conocer al estudiante, se limitan en dar la materia, con ellos no hay una relación profesor estudiante como debería ser, se interesan poco por nosotros sólo se preocupan por lo académico, por que ganemos la materia, aunque contrariamente tampoco hacen mucho para que eso suceda, pues si perdemos los exámenes poco les importa.
Con ese tipo de profesor, se establece una relación individualista cada quien por su lado, cada quien con lo suyo; pero necesitamos uno que sea más solidario, uno que esté allí cuando uno busca que le den un consejo, que sea como un amigo, y que no nos ignore, ni nos de como excusa la común respuesta “no tengo tiempo”, “ya tengo que irme”, “no me pagan para escuchar problemas”, “no soy psicólogo”, “no me gustan los problemas” o “ya tengo bastante con los problemas de mi casa”, entonces nos preguntamos “¿por qué decidieron ser profesores?” sabiendo la responsabilidad y particularidad de su profesión.
Sabemos que muchos profesores hacen el esfuerzo por entendernos y ayudarnos, pero a veces son sólo buenas intenciones y en otras se ven presionados por el tiempo y el exceso de trabajo y no pueden o no saben cómo darnos una educación desde y con nosotros. Aclaramos que aún y con las limitaciones que les impone el sistema (muchos estudiantes en el aula, estudiantes desinteresados y cansados, estudiantes con muchos problemas encima…), algunos si se ponen la camiseta del estudiante y nos apoyan y entienden todo el tiempo, hacen su materia agradable, divertida, dinámica y aprendemos mucho en ella, pero enfatizamos que son una gran minoría. De esos buenos profesores, algunos se acercan más a nosotros y nos entienden porque son jóvenes, cuando son jóvenes hay menos distancias y tenemos intereses más afines. Aunque no sólo es lo generacional, pues hay profesores no tan jóvenes de edad y con muchos años de trabajar aquí y se identifican mucho con el estudiante, les importa nuestros intereses y necesidades, nos tratan como personas, “es lindo tener profesores así, pues uno necesita ser escuchado y tomado en cuenta”.
El profesor debe estar bien capacitado para tratar con estudiantes, no solo conocer bien sobre su materia, sino, sobre todo, tratar bien a los estudiantes, capaz de comunicarse con nosotros horizontalmente, sin creerse más que nosotros, preparado en relaciones humanas.
Desearíamos “que los profes estén bien preparados, que conozcan y dominen bien su área, pues aquí nos llegan algunos profes que sabemos más nosotros que ellos” y que se enojan y nos tildan, señalan y castigan (a través de boletas o con la nota) si los evidenciamos. “No soportan que sepamos más que ellos, no aceptan humildemente sus limitaciones y, por el contrario, reaccionan con violencia (psicológica) hacia nosotros, humillándonos y menospreciándonos con ese cuento de descalificar al estudiante por ser un joven que, según ellos, no sabe nada, no ha vivido nada y no comprende nada hasta que sea adulto como ellos”. Ellos “deben confiar más en uno”, no vernos como personas distantes, mentirosas, viciosas y otros esteriotipos que nos encajan. Por ejemplo, “cuando uno se enferma y falta a clase y no pudo traer un extraclase, porque le dolía la cabeza, sufre de migraña u otra cosa y si uno justifica sin comprobante médico no nos creen, nos dicen que traigan a nuestros padres porque creen que estamos inventando cosas, evadiendo la tarea”.
El problema es mayor cuando algunos profesores manejan una doble moral, “por un lado nos dicen qué debemos hacer y por el otro ellos hacen algo distinto y hasta contrario”; por ejemplo, “nos dicen que no usemos celulares en clase porque eso distrae, pero ellos ni dan la clase pegados en su celular resolviendo negocios, mandando mensajes, haciendo citas” y demás; “nos dicen que no fumemos porque eso hace daño y fuman con frecuencia hasta delante de uno”. El extremo es que hay profesores que justifican su materia diciendo que ella sirve para desarrollar responsabilidad en el estudiante, pero “cómo vamos a desarrollar tal responsabilidad recortando tiquetes de casino, cuando nos mandan a comprar el periódico para leerlo en esa clase o cuando nos mandan a traer pan, natilla, queso, jamón, juguito, paté y otros productos para su alimentación (que ni siquiera comparten) y hasta sacar copias o dejar papelería que ellos deben entregar en las oficinas”.
Creemos que el profesor(a) ha de ser un ejemplo a seguir, “debe ser una persona que se de a querer y que sea consecuente con lo que dice y con lo que hace”, que sea honesta con su función docente y que esté en permanente formación, que sea moderno, que esté al día con la tecnología, pues los tiempos cambian aceleradamente y necesitamos una educación que responda a los retos que nos esperan fuera de la institución. El profesor(a) “debe saber que si él no nos ayuda en la formación ese campo lo tomará los medios de comunicación social, la Internet, los Juegos de Video, la calle, los amigos”… y otros agentes sociales que se interesan conciente o inconcientemente por el tema educativo para bien o par mal de nuestras vidas.
El profesor debe ser justo, debe ser ético, no debe discriminar, lastimosamente “muchos profesores creen que uno es mejor persona si tiene buenas notas, si es bueno memorizando, lo valoran a uno por lo académico más que como persona”. Inclusive “hay profesores que lo dividen a uno por grupos, piensan que los que obtienen malas notas es porque vienen de malas familias o familias pobres, no piensan que sacar una mala nota es porque a uno le cuesta, no le gusta la materia o es poco motivante y no buscan como ayudarnos”. El máximo apoyo es cuando nos dicen estudie más, no nos apoyan de verdad, no buscan las causas del problema.
En este contexto, nos interesa que se nos respete, que se nos trate como personas que somos y no como personas entre comillas, como futuras personas, personas en potencia que deben ser moldeadas y, por tanto, no tenemos nada que decir, pues la razón siempre la tiene el profesor. Que se nos escuchen, nos traten bien y se acuerden de que también nosotros tenemos nuestros propios problemas y que son tan grandes e importantes como los de ellos, que recuerden que ellos también fueron jóvenes y sufrieron abusos de autoridad de los adultos como lo vivimos nosotros cada día, tanto adentro como afuera del colegio. Si ellos cometieron errores no importa, sobrevivieron a esos errores, que más da cometerlos nosotros también y poder aprender para la vida.
Nos gustaría que los profesores no fueran tan discursivos, pues “tanta hablada no sirve para nada, uno no reflexiona con discursos reprendedores, uno quiere vivir la vida y aprender de ella”, no vale de mucho la censura, la que aplican con frecuencia “porque ellos consideran que les fue mal haciendo esas cosas que hacemos, porque consideran que nosotros no deberíamos de hacerla porque no tenemos la madurez suficiente o no sabemos lo que hacemos”; más vale que se nos den principios y valores que sirvan para tomarlos en cuenta (si nos parece conveniente) a la hora de realizar actos que el adulto considera inapropiados. “Ellos piensan que viven como en una película, que le van a echar uno una hablada y con eso uno va dejar de fumar. Si que tal, ya yo no fumo porque el profe me dijo que no fumara. El hecho de estar ahí en ese momento haciéndolo es porque a uno le gusta y uno no va a dejar de hacerlo solo porque un adulto le eche una hablada. Eso es una decisión muy propia, es de cada quien, nadie lo puede obligar a uno a dejarlo si uno no quiere”. Por ello, en vez de censurar se debe formar para que uno tome buenas decisiones, decisiones sobre asuntos que le atañen a uno y que cuando las toma no hay nadie que le diga si está bien o mal.
En el colegio “no le enseñan a uno a decidir, no lo ponen a elegir, casi todo es impuesto” desde arriba y desde afuera, “se nos limita a seguir órdenes, indicaciones o instrucciones y, es muy poco, lo que participamos en las decisiones del colegio, es tan extrema la intervención que hasta el dónde nos sentamos se nos controla, se nos hace un espejo de clase que nos impone un lugar en el aula y hasta se nos prohíbe sentarnos en las esquinas (según lo impone una profesora) porque allí hay malas energías”. Más que participar “se nos obliga a cumplir lo establecido o de lo contrario nos hacen boletas, nos llevan a orientación, a la dirección o llaman a nuestros padres para quejarse con ellos”, de persistir nuestra actitud incisiva “se nos abre expediente (como a un criminal) y hasta se nos expulsa”.
Ese problema es social, a nosotros “desde pequeños se nos dice qué hacer y cómo hacer las cosas, la mayoría de los adultos no permiten que tengamos nuestras propias experiencias, no se nos permite hacer las cosas a nuestra manera”; lo que ya entendemos y vemos diferente se nos dice que tenemos que verlo de otra manera, de la manera que ellos lo entienden. No se nos pregunta cómo queremos ser, “la sociedad quiere que todos seamos iguales (uniformes), que todos pensemos igual, no quieren personas sino computadoras” (autómatas). Sería muy bueno que “los profesores no reprodujeran ese patrón, que intentaran buscar espacios y actividades educativas para que nosotros tomemos decisiones, dado que ellos no siempre van a estar a nuestro lado para decir por nosotros y es muy peligroso que cuando eso suceda tomemos malas decisiones por no haber aprendido cómo y cuándo hacerlo”.
Por otro lado, “no nos gusta el uniforme, la palabra lo dice, nos uniforma, nos robotiza, no deja que expresemos nuestros gustos y no permite la creatividad en la forma de vestir”. Con esa uniformización “no se permite que cada quien ande en su nota, tenga su música y su propia forma de ser”; es tan restrictivo que “si uno anda con el pelo largo es un drogo, si anda camiseta negra es un satánico, si anda despeinado es un descuidado o un borracho”. Quieren que todos seamos iguales, como robots. Este tema es delicado para nosotros, pues estamos cansados de tanta persecución y control por parte de algunos adultos de esta institución, que abusan de su autoridad, por eso “nos preguntamos si ¿será que el cabello, las faldas afuera, las enaguas cortas, las tenis, los accesorios no permitidos y demás prohibiciones mejoran nuestro rendimiento en el estudio?”.
Creemos que la respuesta es un no contundente; pues, por el contrario, consideramos que ese pretendido manejo externo e impuesto sobre nuestros cuerpos nos indisponen, nos retan, nos desmotivan y nos desconcentran de aquellas actividades que podrían mejorar nuestro quehacer como estudiantes. “Muchas veces venimos animados y con ganas de pasarla bien en el Colegio y ya desde la puerta principal se nos molesta, indispone y enoja con ese control (muchas veces autoritario) sobre el uso que hacemos del uniforme”. El control que pretenden sobre nuestros cuerpos es tan absurdo que hasta se nos cercenan derechos “como el ir al baño o tomar agua, pues dependemos de sus permisos para ello”.
Por otro lado, pensamos que las autoridades administrativas del Colegio no piensan en un colegio para los estudiantes, pues ello se nota hasta en detalles como la ausencia de papel higiénico en los baños, los reglamentos son muy represivos, se intenta controlar y reprimir muchas de nuestras acciones que no tienen nada de malo, se prohíbe hasta comer en clase aún y cuando uno viene sin desayunar y con mucha hambre, no nos permiten ni tomarnos un jugo, eso se solucionaría si entráramos a las ocho de la mañana para no correr tanto. La normativa interna de la Institución debería cambiarse, debería responder a la realidad de nosotros y nosotras los estudiantes, deberíamos participar en su reformulación, pues es muy represiva y no nos permite ser nosotros(as) mismos(as).
Hay poco apoyo económico (pocas becas e insuficientes) por parte de la institución, el comedor no es un derecho pues se cobra para poder comer allí y la soda está muy abandonada, en un lugar inadecuado (al frente de los sanitarios de hombres) y venden comida muy grasosa.
Las restricciones administrativas son tantas que si un profesor hace una actividad en la que desordena y ensucia el aula, aunque nos sirve para aprender y nos guste, de pronto se le amenaza y reprime para que no lo haga porque falta al orden y la limpieza (aún y cuando recoge los regueros) y a pesar de que el colegio está hecho un basurero. No se permite salir del aula ni del colegio, dado que se considera peligroso y se aduce que el bullicio no deja dar clases a otros profesores, pero el bullicio es constante aún sin que hayan grupos afuera pues el Colegio cuenta con una escandalosa contaminación sónica del exterior (carros, buses, camiones…). Eso es una injusticia, pues el colegio parece una cárcel, una mole de concreto con pocos espacios para la recreación y el esparcimiento, no hay zonas verdes ni áreas de juegos.
Hay que buscar la forma de sacar la educación del aula, “salir más del colegio, aprender con giras, viendo películas y buscando formas de salir del aula para dejar de escuchar tanta hablada”. Es necesario llevar al estudiante a la realidad, por ejemplo, si se habla de volcanes o parques nacionales (se pueden estudiar desde varias materias) se debería ir al lugar para que sea más fácilmente comprendido y recordado el tema. Urge salir del aula, sabemos que esos viajes implican gastos, pero algunos estudiantes y padres de familia podríamos ayudar para que todos podamos ir, haciendo actividades o donando dinero, para ello se necesita iniciativa del profesor y apoyo del estudiante, del padre de familia y las autoridades administrativas del colegio.
En el colegio también se podrían realizar actividades o talleres “que ayuden al mundo, tales como el reciclaje”, la limpieza, para “educarse con cosas que ayuden a preservar la naturaleza, y buscar formas para reducir la contaminación sónica en el cole y educar para no producir tantos deshechos”, entre otras, de modo que la educación no se reduzca al aula. Ese sacar la educación del aula nos lleva pensar en otras actividades educativas como la organización y realización de actividades recreativas y deportivas durante todo el año y que sean incentivadas y promocionadas por los profesores, administrativos y que respondan a deseos de los estudiantes, “para evitar tanto sofoque, tanto estrés en las aulas, para evitar que nos escapemos a buscar otras salidas no tan buenas”. Por ejemplo, se pueden organizar ligas o campeonatos internos en muchas áreas, que se den incentivos, no tanto económicos, sino de otro tipo, como motivación o puntos; también hacer talleres artísticos, musicales, de teatro u otros.
Eso podría ser utilizado también para hacer las clases más dinámicas, por ejemplo, “la clase de música es muy floja, la pasamos con una flauta aprendiendo obligadamente canciones que a uno no le gusta”. Si a usted “le gusta la guitarra, el clarinete u otro instrumento tiene que jugársela sólo pues hay muy poco apoyo”. “Uno se puede quedar hasta fuera de horario haciendo esas cosas que a uno le gustan; esas actividades son muy buenas para aprender, por eso uno aprende más en la calle que aquí, pues en la calle uno escoge lo que quiere vivir”. Cuando uno se divierte aprende mucho, aprende para toda la vida, uno aprende haciendo cosas que le agradan o le interesan. Por eso “es necesario que en el aula se deje de hacer siempre lo mismo, que dejen esas rutinas aburridas, que cansan, nos duermen como por ejemplo copiar en la pizarra o trabajar con fotocopias, esas rutinas nos invitan a no ir a clases o nos indispone para poner atención”.
Por ello, consideramos que se puede “destinar un día o un rato al día o a la semana para venir al Cole, fuera de horario, a realizar actividades recreativas, deportivas y culturales, de modo que cada quien practique lo que más le guste y se sienta motivado para venir al colegio”. Se podría iniciar con “actividades culturales que nos unan más y que sean de nuestro agrado”, que las determinemos nosotros y nosotras. O que al menos, cuando salgamos de clases nos podamos quedar en el colegio realizando actividades como esas, pues “muchos de nosotros y nosotras no vamos para la casa cuando salimos, muchos vamos a otros lados y a veces no son tan buenos para un desarrollo humano sano (drogas, alcohol, cigarro, jugar pool, otros)”. Sería bueno “que no nos echen del Cole, y si tienen que hacerlo que nos echen como si uno fuera un perro”, “poco falta para que lo saquen a uno con escoba”, nos amenazan con boletas cuando uno se resiste a salir. Aquí “por todo hacen boletas, nada más le dicen a uno tome la boleta fírmela”, “parecen tráficos”.
Queremos una educación que nos sirva para los retos y desafíos del futuro, una educación que esté acorde con lo aprendemos afuera, pues “casi siempre aprendemos más afuera que adentro” o lo que aprendemos afuera es más significativo que lo de adentro, “lo de afuera lo consideramos creativo, interesante, hay más confianza para aprender, hay más apoyo entre nosotros, nos conocemos más, nos respetamos, nos aclaramos las dudas de lo que no le entendimos al profesor(a), aprendemos haciendo cosas que nos gustan como oír música, salir a caminar, salir a vacilar a algún lugar con los amigos”
Nos interesa una educación que abarque “temas cotidianos o de nuestro diario vivir, temas que partan de lo que ya sabemos, y que estén acorde con lo que queremos estudiar en el futuro”, que contengan “una lógica acorde con lo que vivimos afuera del colegio”, por ejemplo, nos preguntamos ¿para qué nos sirve la oración copulativa, los algoritmos para vivir afuera? Nos gustaría que nuestra educación abarque temas como la sexualidad, que aborde la equidad de géneros, las drogas, que incorpore la música como medio didáctico, que sea dinámica, que se represente el tema con hechos de la vida diaria, que se usen varias técnicas didácticas como gráficos y otras que respondan a nuestros intereses.
Nos interesa aprender temas de actualidad, “no de historia lejana y con poco sentido para nosotros”. Pero “sin olvidar nuestro pasado, para no estar condenados a repetirlo”, es decir, que nos den historia (Estudios Sociales) pero que los temas sean actualizables, sean prácticos para nuestro tiempo, que “lo que pasó en otras épocas y lugares nos sirvan para ver los problemas actuales”, que sirvan para ejemplarizar.
Nos gustaría una educación motivante, que suba nuestra autoestima pues “muchos jóvenes tenemos problemas graves como pereza de estudiar, inconformidad con nuestro físico, drogas o alcoholismo”; por ello, consideramos importante que se nos brinde una educación preventiva y no represiva, en temas como la sexualidad, las drogas, el alcohol entre otros. No una educación que nos diga qué hacer y cómo hacerlo de un solo y mismo modo, que nos amolda a algo ajeno a nosotros, sino que enseñe a razonar más que a memorizar, que promueva la discusión, el descubrimiento, que no mate la curiosidad, que no elimine la ilusión, la energía, ni la esperanza que tenemos los jóvenes.
De allí que aboguemos por una educación no academicista, una educación que no sea sólo para unos pocos memoristas, “para ellos está bien pero otros muchos no”, pues “para poder cumplir con ella no se puede tener vida social”; estamos cansados de tanta materia o tanto “chorreo o vómito de contenidos”; es decir, se nos atiborra con contenidos y luego se nos mide de memoria el dominio de los mismos, vomitando la materia en los exámenes parciales y trimestrales. Exámenes que “no sirven para nada” dado que “unos días después ya no recordamos lo examinado” y que “son un fiasco, pues no toman en cuenta las inteligencias múltiples”, por eso, “quiebran a todo el mundo y propician la deserción”.
El examen “no toma en cuenta nuestras diferencias ni modos distintos de aprender, nos uniformiza, nos mete a todos en el mismo cajón, extermina nuestras capacidades”, aquí todos tenemos que aprender igual. Para esos exámenes “estudiamos unas horas antes para luego chorrearlo con el fin de ganar el año o pasar de nivel”, lo cual es muy importante para nosotros y nosotras pues nos interesa tener una profesión en el futuro, es decir, la meta parece ser, más que aprender, aprobar los años.
Esos exámenes memorísticos llegan al extremo de preguntar “el nombre de los personajes de una obra, de la hora en que se tomó el café, los colores del vestido o cualquier otra estupidez” de ese calibre; “hasta cómo se llamaba el árbol en dónde cagó el Quijote”, eso nos hace odiar hasta las lecturas, pues no se pueden disfrutar ni aprender nada de ellas que sea importante para la vida, pues “la atención debe uno dirigirla a esos detalles absurdos”. Las materias especiales deberían cambiar ese panorama academicista de las materias denominadas básicas o académicas, pero por el contrario, en lugar de desestresarnos, nos hacen sufrir mucho, lo hacen a uno tragarse un montón de materia y ver al colegio aburrido por todas partes.
Con esos exámenes “no nos enseñan a pensar, sólo a memorizar, es una educación atrasada (tradicional), que nos obliga a aprender cosas que no nos sirven para la vida”. Aquí “sólo se apoya a los que memorizan, está bien por ellos, pero la mayoría no nos gusta o no somos tan buenos memorizando” y eso nos afecta, no nos apoyan cuando hacemos otras cosas o cuando queremos salirnos de ese esquema, hay algunos profesores que son muy cerrados.
El MEP es el impulsor de esa forma de evaluar tan limitada, pone muchas trabas (exámenes del Colegio y exámenes nacionales) para que uno se quede en el camino, “para que se convierta en mano de obra barata”; nos ponen a todos a ser “pruebas uniformes, imponen el esteriotipo de que todos aprendemos igual y se nos mide igual a todos, pruebas para reproducir no para aplicar nada de lo que sabemos”.
Por eso creemos que es injusto que la evaluación sumativa sea casi todo en el colegio, que no se propicien otras formas más creativas y dinámicas de evaluar lo que aprendemos, más abiertas y adecuadas a nuestras realidades; “es tan injusto el asunto de la evaluación sumativa que si uno se queda en una materia y no pasa las convocatorias (las que son muy seguidas y lo dejan a uno sin vacaciones), pierde todo el año lectivo”. Los profesores aducen que “no pueden pasar al estudiante porque no está preparado para ir al nivel siguiente”, lo que parece ser falso ya que “una materia no determina lo que sabemos”, ni debería detener el desarrollo humano de un estudiante, el que miden con pruebas a todas luces memorísticas y parcializadas que “hacen que un estudiante esté hasta tres años en el mismo nivel (sobre todo en sétimo)”.
Es tan central la evaluación en el colegio que determina quien tiene el poder en la institución, pues el comité de evaluación parece ser la máxima autoridad y creemos que posee un poder desproporcionado. “El comité de evaluación es injusto, no representa nuestros intereses, ellos debería ser electos también por los estudiantes”. Eso sería mejor ya que no tenemos buenos representantes, “en la semana cívica elegimos a un presidente estudiantil pero éste no hace nada por nosotros, no nos defiende, por eso es mejor que todos participemos en la elección del Comité y que no sea sólo el director”. “Si uno le dice al director que ese Comité de evaluación está mal, no le hacen caso a la opinión de uno”.
No sólo tenemos una “evaluación” academicista, sino que también nos imponen dede el MEP un currículo rígido, de escritorio. Por el contrario, “deberíamos tener un currículum donde uno pueda escoger entre algunas asignaturas, no importa que hayan bloques de materias, eso es bueno porque así uno escogería lo que más le sirve o interesa”. “No importa si hay un bloque común que nos de cultura general, pero que después o al lado de él se nos deje escoger otros bloques” o énfasis, “que podamos ir decidiendo sobre que queremos aprender”. Eso “sería bueno para no estar todos recibiendo y haciendo lo mismo y para evitar la deserción”. Sería bueno hasta “participar en la escogencia de las materias que se debería dar en el Colegio”. Nos dan materias que no nos interesa, “quien va ser biólogo, matemático o químico, si a caso uno en todo el colegio” y, sin embargo, “a todo el mundo nos hacen tragarnos todo, debería darnos lo que uno escoja, lo que a uno le interese”.
Se “podrían integrar materias”, por ejemplo, matemáticas y ciencias, español y sociales y otras y “que hagan proyectos en conjunto de forma dinámica y evitando repetir acciones en cada una”, sino más bien que “una misma acción hecha por el estudiante en el proyecto sea valorada desde las materias implicadas”, una evaluando la parte científica, otra las operaciones matemáticas involucradas, otras la redacción, otra la historia del tema y así sucesivamente.
Eso evitaría abusos de algunos profesores que realizan proyectos sin ninguna o con poca claridad, pues nos vacilan y humillan poniéndonos hacer cosas con niveles de perfección casi imposibles, por ejemplo, “nos han puesto hacer una maqueta sin un fin claro para nosotros, sin identificarnos con él, se nos calificó con grado de perfección asombroso y se nos insultó diciendo que habíamos hecho unas cochinadas, además terminamos contaminando el ambiente pues después de la regañada la votamos en el basurero, se nos exigió como si fuera un proyecto de arquitectura y ni siquiera sabemos que estamos aprendiendo con ello”; consideramos que se deben usar materiales pero deben ser para realizar actividades que nos interesen y que respondan a nuestra realidad, a nuestras limitaciones y nuestras potencialidades.
El tiempo que uno permanece en el colegio debería revisarse, nos mantienen mucho tiempo en el colegio con horarios muy pesados, con recreos muy cortos, “deberían ser más largos, los de cinco minutos no dan tiempo ni siquiera para salir a la puerta”. Eso cansa, desmotiva y estresa mucho.La