domingo, 15 de abril de 2012

Manifiesto estudiantil sobre la educación que queremos


La siguiente información fue recopilada como fruto de una investigación en curso, se realizó durante el 2009 y 2010, fue validada con los estudiantes y reestructurada con y desde ellos (lo aquí dicho es producto de una intensa participación estudiantil, incluso hasta en la readacción del documento.)

Los estudiantes del Liceo XXX, clamamos por una educación entre pares, una educación donde el profesor se ponga en el lugar del estudiante, donde no sea otro tan distinto, tan lejano y tan ajeno a nuestros intereses, deseos y necesidades, como lo están ahora la mayoría de nuestros profesores. Nos gustaría que tengan más paciencia y se acuerden que tenemos mucha energía, que no se amarguen ni nos amarguen el rato. Esos profesores no comprometidos, son profesores que no dedican tiempo para conocer al estudiante, se limitan en dar la materia, con ellos no hay una relación profesor estudiante como debería ser, se interesan poco por nosotros sólo se preocupan por lo académico, por que ganemos la materia, aunque contrariamente tampoco hacen mucho para que eso suceda, pues si perdemos los exámenes poco les importa.

Con ese tipo de profesor, se establece una relación individualista cada quien por su lado, cada quien con lo suyo; pero necesitamos uno que sea más solidario, uno que esté allí cuando uno busca que le den un consejo, que sea como un amigo, y que no nos ignore, ni nos de como excusa la común respuesta “no tengo tiempo”, “ya tengo que irme”, “no me pagan para escuchar problemas”, “no soy psicólogo”, “no me gustan los problemas” o “ya tengo bastante con los problemas de mi casa”, entonces nos preguntamos “¿por qué decidieron ser profesores?” sabiendo la responsabilidad y particularidad de su profesión.

Sabemos que muchos profesores hacen el esfuerzo por entendernos y ayudarnos, pero a veces son sólo buenas intenciones y en otras se ven presionados por el tiempo y el exceso de trabajo y no pueden o no saben cómo darnos una educación desde y con nosotros. Aclaramos que aún y con las limitaciones que les impone el sistema (muchos estudiantes en el aula, estudiantes desinteresados y cansados, estudiantes con muchos problemas encima…), algunos si se ponen la camiseta del estudiante y nos apoyan y entienden todo el tiempo, hacen su materia agradable, divertida, dinámica y aprendemos mucho en ella, pero enfatizamos que son una gran minoría. De esos buenos profesores, algunos se acercan más a nosotros y nos entienden porque son jóvenes, cuando son jóvenes hay menos distancias y tenemos intereses más afines. Aunque no sólo es lo generacional, pues hay profesores no tan jóvenes de edad y con muchos años de trabajar aquí y se identifican mucho con el estudiante, les importa nuestros intereses y necesidades, nos tratan como personas, “es lindo tener profesores así, pues uno necesita ser escuchado y tomado en cuenta”.

El profesor debe estar bien capacitado para tratar con estudiantes, no solo conocer bien sobre su materia, sino, sobre todo, tratar bien a los estudiantes, capaz de comunicarse con nosotros horizontalmente, sin creerse más que nosotros, preparado en relaciones humanas.
Desearíamos “que los profes estén bien preparados, que conozcan y dominen bien su área, pues aquí nos llegan algunos profes que sabemos más nosotros que ellos” y que se enojan y nos tildan, señalan y castigan (a través de boletas o con la nota) si los evidenciamos. “No soportan que sepamos más que ellos, no aceptan humildemente sus limitaciones y, por el contrario, reaccionan con violencia (psicológica) hacia nosotros, humillándonos y menospreciándonos con ese cuento de descalificar al estudiante por ser un joven que, según ellos, no sabe nada, no ha vivido nada y no comprende nada hasta que sea adulto como ellos”. Ellos “deben confiar más en uno”, no vernos como personas distantes, mentirosas, viciosas y otros esteriotipos que nos encajan. Por ejemplo, “cuando uno se enferma y falta a clase y no pudo traer un extraclase, porque le dolía la cabeza, sufre de migraña u otra cosa y si uno justifica sin comprobante médico no nos creen, nos dicen que traigan a nuestros padres porque creen que estamos inventando cosas, evadiendo la tarea”.

El problema es mayor cuando algunos profesores manejan una doble moral, “por un lado nos dicen qué debemos hacer y por el otro ellos hacen algo distinto y hasta contrario”; por ejemplo, “nos dicen que no usemos celulares en clase porque eso distrae, pero ellos ni dan la clase pegados en su celular resolviendo negocios, mandando mensajes, haciendo citas” y demás; “nos dicen que no fumemos porque eso hace daño y fuman con frecuencia hasta delante de uno”. El extremo es que hay profesores que justifican su materia diciendo que ella sirve para desarrollar responsabilidad en el estudiante, pero “cómo vamos a desarrollar tal responsabilidad recortando tiquetes de casino, cuando nos mandan a comprar el periódico para leerlo en esa clase o cuando nos mandan a traer pan, natilla, queso, jamón, juguito, paté y otros productos para su alimentación (que ni siquiera comparten) y hasta sacar copias o dejar papelería que ellos deben entregar en las oficinas”.

Creemos que el profesor(a) ha de ser un ejemplo a seguir, “debe ser una persona que se de a querer y que sea consecuente con lo que dice y con lo que hace”, que sea honesta con su función docente y que esté en permanente formación, que sea moderno, que esté al día con la tecnología, pues los tiempos cambian aceleradamente y necesitamos una educación que responda a los retos que nos esperan fuera de la institución. El profesor(a) “debe saber que si él no nos ayuda en la formación ese campo lo tomará los medios de comunicación social, la Internet, los Juegos de Video, la calle, los amigos”… y otros agentes sociales que se interesan conciente o inconcientemente por el tema educativo para bien o par mal de nuestras vidas.

El profesor debe ser justo, debe ser ético, no debe discriminar, lastimosamente “muchos profesores creen que uno es mejor persona si tiene buenas notas, si es bueno memorizando, lo valoran a uno por lo académico más que como persona”. Inclusive “hay profesores que lo dividen a uno por grupos, piensan que los que obtienen malas notas es porque vienen de malas familias o familias pobres, no piensan que sacar una mala nota es porque a uno le cuesta, no le gusta la materia o es poco motivante y no buscan como ayudarnos”. El máximo apoyo es cuando nos dicen estudie más, no nos apoyan de verdad, no buscan las causas del problema.

En este contexto, nos interesa que se nos respete, que se nos trate como personas que somos y no como personas entre comillas, como futuras personas, personas en potencia que deben ser moldeadas y, por tanto, no tenemos nada que decir, pues la razón siempre la tiene el profesor. Que se nos escuchen, nos traten bien y se acuerden de que también nosotros tenemos nuestros propios problemas y que son tan grandes e importantes como los de ellos, que recuerden que ellos también fueron jóvenes y sufrieron abusos de autoridad de los adultos como lo vivimos nosotros cada día, tanto adentro como afuera del colegio. Si ellos cometieron errores no importa, sobrevivieron a esos errores, que más da cometerlos nosotros también y poder aprender para la vida.

Nos gustaría que los profesores no fueran tan discursivos, pues “tanta hablada no sirve para nada, uno no reflexiona con discursos reprendedores, uno quiere vivir la vida y aprender de ella”, no vale de mucho la censura, la que aplican con frecuencia “porque ellos consideran que les fue mal haciendo esas cosas que hacemos, porque consideran que nosotros no deberíamos de hacerla porque no tenemos la madurez suficiente o no sabemos lo que hacemos”; más vale que se nos den principios y valores que sirvan para tomarlos en cuenta (si nos parece conveniente) a la hora de realizar actos que el adulto considera inapropiados. “Ellos piensan que viven como en una película, que le van a echar uno una hablada y con eso uno va dejar de fumar. Si que tal, ya yo no fumo porque el profe me dijo que no fumara. El hecho de estar ahí en ese momento haciéndolo es porque a uno le gusta y uno no va a dejar de hacerlo solo porque un adulto le eche una hablada. Eso es una decisión muy propia, es de cada quien, nadie lo puede obligar a uno a dejarlo si uno no quiere”. Por ello, en vez de censurar se debe formar para que uno tome buenas decisiones, decisiones sobre asuntos que le atañen a uno y que cuando las toma no hay nadie que le diga si está bien o mal.

En el colegio “no le enseñan a uno a decidir, no lo ponen a elegir, casi todo es impuesto” desde arriba y desde afuera, “se nos limita a seguir órdenes, indicaciones o instrucciones y, es muy poco, lo que participamos en las decisiones del colegio, es tan extrema la intervención que hasta el dónde nos sentamos se nos controla, se nos hace un espejo de clase que nos impone un lugar en el aula y hasta se nos prohíbe sentarnos en las esquinas (según lo impone una profesora) porque allí hay malas energías”. Más que participar “se nos obliga a cumplir lo establecido o de lo contrario nos hacen boletas, nos llevan a orientación, a la dirección o llaman a nuestros padres para quejarse con ellos”, de persistir nuestra actitud incisiva “se nos abre expediente (como a un criminal) y hasta se nos expulsa”.

Ese problema es social, a nosotros “desde pequeños se nos dice qué hacer y cómo hacer las cosas, la mayoría de los adultos no permiten que tengamos nuestras propias experiencias, no se nos permite hacer las cosas a nuestra manera”; lo que ya entendemos y vemos diferente se nos dice que tenemos que verlo de otra manera, de la manera que ellos lo entienden. No se nos pregunta cómo queremos ser, “la sociedad quiere que todos seamos iguales (uniformes), que todos pensemos igual, no quieren personas sino computadoras” (autómatas). Sería muy bueno que “los profesores no reprodujeran ese patrón, que intentaran buscar espacios y actividades educativas para que nosotros tomemos decisiones, dado que ellos no siempre van a estar a nuestro lado para decir por nosotros y es muy peligroso que cuando eso suceda tomemos malas decisiones por no haber aprendido cómo y cuándo hacerlo”.

Por otro lado, “no nos gusta el uniforme, la palabra lo dice, nos uniforma, nos robotiza, no deja que expresemos nuestros gustos y no permite la creatividad en la forma de vestir”. Con esa uniformización “no se permite que cada quien ande en su nota, tenga su música y su propia forma de ser”; es tan restrictivo que “si uno anda con el pelo largo es un drogo, si anda camiseta negra es un satánico, si anda despeinado es un descuidado o un borracho”. Quieren que todos seamos iguales, como robots. Este tema es delicado para nosotros, pues estamos cansados de tanta persecución y control por parte de algunos adultos de esta institución, que abusan de su autoridad, por eso “nos preguntamos si ¿será que el cabello, las faldas afuera, las enaguas cortas, las tenis, los accesorios no permitidos y demás prohibiciones mejoran nuestro rendimiento en el estudio?”.

Creemos que la respuesta es un no contundente; pues, por el contrario, consideramos que ese pretendido manejo externo e impuesto sobre nuestros cuerpos nos indisponen, nos retan, nos desmotivan y nos desconcentran de aquellas actividades que podrían mejorar nuestro quehacer como estudiantes. “Muchas veces venimos animados y con ganas de pasarla bien en el Colegio y ya desde la puerta principal se nos molesta, indispone y enoja con ese control (muchas veces autoritario) sobre el uso que hacemos del uniforme”. El control que pretenden sobre nuestros cuerpos es tan absurdo que hasta se nos cercenan derechos “como el ir al baño o tomar agua, pues dependemos de sus permisos para ello”.

Por otro lado, pensamos que las autoridades administrativas del Colegio no piensan en un colegio para los estudiantes, pues ello se nota hasta en detalles como la ausencia de papel higiénico en los baños, los reglamentos son muy represivos, se intenta controlar y reprimir muchas de nuestras acciones que no tienen nada de malo, se prohíbe hasta comer en clase aún y cuando uno viene sin desayunar y con mucha hambre, no nos permiten ni tomarnos un jugo, eso se solucionaría si entráramos a las ocho de la mañana para no correr tanto. La normativa interna de la Institución debería cambiarse, debería responder a la realidad de nosotros y nosotras los estudiantes, deberíamos participar en su reformulación, pues es muy represiva y no nos permite ser nosotros(as) mismos(as).

Hay poco apoyo económico (pocas becas e insuficientes) por parte de la institución, el comedor no es un derecho pues se cobra para poder comer allí y la soda está muy abandonada, en un lugar inadecuado (al frente de los sanitarios de hombres) y venden comida muy grasosa.

Las restricciones administrativas son tantas que si un profesor hace una actividad en la que desordena y ensucia el aula, aunque nos sirve para aprender y nos guste, de pronto se le amenaza y reprime para que no lo haga porque falta al orden y la limpieza (aún y cuando recoge los regueros) y a pesar de que el colegio está hecho un basurero. No se permite salir del aula ni del colegio, dado que se considera peligroso y se aduce que el bullicio no deja dar clases a otros profesores, pero el bullicio es constante aún sin que hayan grupos afuera pues el Colegio cuenta con una escandalosa contaminación sónica del exterior (carros, buses, camiones…). Eso es una injusticia, pues el colegio parece una cárcel, una mole de concreto con pocos espacios para la recreación y el esparcimiento, no hay zonas verdes ni áreas de juegos.

Hay que buscar la forma de sacar la educación del aula, “salir más del colegio, aprender con giras, viendo películas y buscando formas de salir del aula para dejar de escuchar tanta hablada”. Es necesario llevar al estudiante a la realidad, por ejemplo, si se habla de volcanes o parques nacionales (se pueden estudiar desde varias materias) se debería ir al lugar para que sea más fácilmente comprendido y recordado el tema. Urge salir del aula, sabemos que esos viajes implican gastos, pero algunos estudiantes y padres de familia podríamos ayudar para que todos podamos ir, haciendo actividades o donando dinero, para ello se necesita iniciativa del profesor y apoyo del estudiante, del padre de familia y las autoridades administrativas del colegio.

En el colegio también se podrían realizar actividades o talleres “que ayuden al mundo, tales como el reciclaje”, la limpieza, para “educarse con cosas que ayuden a preservar la naturaleza, y buscar formas para reducir la contaminación sónica en el cole y educar para no producir tantos deshechos”, entre otras, de modo que la educación no se reduzca al aula. Ese sacar la educación del aula nos lleva pensar en otras actividades educativas como la organización y realización de actividades recreativas y deportivas durante todo el año y que sean incentivadas y promocionadas por los profesores, administrativos y que respondan a deseos de los estudiantes, “para evitar tanto sofoque, tanto estrés en las aulas, para evitar que nos escapemos a buscar otras salidas no tan buenas”. Por ejemplo, se pueden organizar ligas o campeonatos internos en muchas áreas, que se den incentivos, no tanto económicos, sino de otro tipo, como motivación o puntos; también hacer talleres artísticos, musicales, de teatro u otros.

Eso podría ser utilizado también para hacer las clases más dinámicas, por ejemplo, “la clase de música es muy floja, la pasamos con una flauta aprendiendo obligadamente canciones que a uno no le gusta”. Si a usted “le gusta la guitarra, el clarinete u otro instrumento tiene que jugársela sólo pues hay muy poco apoyo”. “Uno se puede quedar hasta fuera de horario haciendo esas cosas que a uno le gustan; esas actividades son muy buenas para aprender, por eso uno aprende más en la calle que aquí, pues en la calle uno escoge lo que quiere vivir”. Cuando uno se divierte aprende mucho, aprende para toda la vida, uno aprende haciendo cosas que le agradan o le interesan. Por eso “es necesario que en el aula se deje de hacer siempre lo mismo, que dejen esas rutinas aburridas, que cansan, nos duermen como por ejemplo copiar en la pizarra o trabajar con fotocopias, esas rutinas nos invitan a no ir a clases o nos indispone para poner atención”.

Por ello, consideramos que se puede “destinar un día o un rato al día o a la semana para venir al Cole, fuera de horario, a realizar actividades recreativas, deportivas y culturales, de modo que cada quien practique lo que más le guste y se sienta motivado para venir al colegio”. Se podría iniciar con “actividades culturales que nos unan más y que sean de nuestro agrado”, que las determinemos nosotros y nosotras. O que al menos, cuando salgamos de clases nos podamos quedar en el colegio realizando actividades como esas, pues “muchos de nosotros y nosotras no vamos para la casa cuando salimos, muchos vamos a otros lados y a veces no son tan buenos para un desarrollo humano sano (drogas, alcohol, cigarro, jugar pool, otros)”. Sería bueno “que no nos echen del Cole, y si tienen que hacerlo que nos echen como si uno fuera un perro”, “poco falta para que lo saquen a uno con escoba”, nos amenazan con boletas cuando uno se resiste a salir. Aquí “por todo hacen boletas, nada más le dicen a uno tome la boleta fírmela”, “parecen tráficos”.

Queremos una educación que nos sirva para los retos y desafíos del futuro, una educación que esté acorde con lo aprendemos afuera, pues “casi siempre aprendemos más afuera que adentro” o lo que aprendemos afuera es más significativo que lo de adentro, “lo de afuera lo consideramos creativo, interesante, hay más confianza para aprender, hay más apoyo entre nosotros, nos conocemos más, nos respetamos, nos aclaramos las dudas de lo que no le entendimos al profesor(a), aprendemos haciendo cosas que nos gustan como oír música, salir a caminar, salir a vacilar a algún lugar con los amigos”

Nos interesa una educación que abarque “temas cotidianos o de nuestro diario vivir, temas que partan de lo que ya sabemos, y que estén acorde con lo que queremos estudiar en el futuro”, que contengan “una lógica acorde con lo que vivimos afuera del colegio”, por ejemplo, nos preguntamos ¿para qué nos sirve la oración copulativa, los algoritmos para vivir afuera? Nos gustaría que nuestra educación abarque temas como la sexualidad, que aborde la equidad de géneros, las drogas, que incorpore la música como medio didáctico, que sea dinámica, que se represente el tema con hechos de la vida diaria, que se usen varias técnicas didácticas como gráficos y otras que respondan a nuestros intereses.

Nos interesa aprender temas de actualidad, “no de historia lejana y con poco sentido para nosotros”. Pero “sin olvidar nuestro pasado, para no estar condenados a repetirlo”, es decir, que nos den historia (Estudios Sociales) pero que los temas sean actualizables, sean prácticos para nuestro tiempo, que “lo que pasó en otras épocas y lugares nos sirvan para ver los problemas actuales”, que sirvan para ejemplarizar.

Nos gustaría una educación motivante, que suba nuestra autoestima pues “muchos jóvenes tenemos problemas graves como pereza de estudiar, inconformidad con nuestro físico, drogas o alcoholismo”; por ello, consideramos importante que se nos brinde una educación preventiva y no represiva, en temas como la sexualidad, las drogas, el alcohol entre otros. No una educación que nos diga qué hacer y cómo hacerlo de un solo y mismo modo, que nos amolda a algo ajeno a nosotros, sino que enseñe a razonar más que a memorizar, que promueva la discusión, el descubrimiento, que no mate la curiosidad, que no elimine la ilusión, la energía, ni la esperanza que tenemos los jóvenes.

De allí que aboguemos por una educación no academicista, una educación que no sea sólo para unos pocos memoristas, “para ellos está bien pero otros muchos no”, pues “para poder cumplir con ella no se puede tener vida social”; estamos cansados de tanta materia o tanto “chorreo o vómito de contenidos”; es decir, se nos atiborra con contenidos y luego se nos mide de memoria el dominio de los mismos, vomitando la materia en los exámenes parciales y trimestrales. Exámenes que “no sirven para nada” dado que “unos días después ya no recordamos lo examinado” y que “son un fiasco, pues no toman en cuenta las inteligencias múltiples”, por eso, “quiebran a todo el mundo y propician la deserción”.

El examen “no toma en cuenta nuestras diferencias ni modos distintos de aprender, nos uniformiza, nos mete a todos en el mismo cajón, extermina nuestras capacidades”, aquí todos tenemos que aprender igual. Para esos exámenes “estudiamos unas horas antes para luego chorrearlo con el fin de ganar el año o pasar de nivel”, lo cual es muy importante para nosotros y nosotras pues nos interesa tener una profesión en el futuro, es decir, la meta parece ser, más que aprender, aprobar los años.

Esos exámenes memorísticos llegan al extremo de preguntar “el nombre de los personajes de una obra, de la hora en que se tomó el café, los colores del vestido o cualquier otra estupidez” de ese calibre; “hasta cómo se llamaba el árbol en dónde cagó el Quijote”, eso nos hace odiar hasta las lecturas, pues no se pueden disfrutar ni aprender nada de ellas que sea importante para la vida, pues “la atención debe uno dirigirla a esos detalles absurdos”. Las materias especiales deberían cambiar ese panorama academicista de las materias denominadas básicas o académicas, pero por el contrario, en lugar de desestresarnos, nos hacen sufrir mucho, lo hacen a uno tragarse un montón de materia y ver al colegio aburrido por todas partes.

Con esos exámenes “no nos enseñan a pensar, sólo a memorizar, es una educación atrasada (tradicional), que nos obliga a aprender cosas que no nos sirven para la vida”. Aquí “sólo se apoya a los que memorizan, está bien por ellos, pero la mayoría no nos gusta o no somos tan buenos memorizando” y eso nos afecta, no nos apoyan cuando hacemos otras cosas o cuando queremos salirnos de ese esquema, hay algunos profesores que son muy cerrados.

El MEP es el impulsor de esa forma de evaluar tan limitada, pone muchas trabas (exámenes del Colegio y exámenes nacionales) para que uno se quede en el camino, “para que se convierta en mano de obra barata”; nos ponen a todos a ser “pruebas uniformes, imponen el esteriotipo de que todos aprendemos igual y se nos mide igual a todos, pruebas para reproducir no para aplicar nada de lo que sabemos”.

Por eso creemos que es injusto que la evaluación sumativa sea casi todo en el colegio, que no se propicien otras formas más creativas y dinámicas de evaluar lo que aprendemos, más abiertas y adecuadas a nuestras realidades; “es tan injusto el asunto de la evaluación sumativa que si uno se queda en una materia y no pasa las convocatorias (las que son muy seguidas y lo dejan a uno sin vacaciones), pierde todo el año lectivo”. Los profesores aducen que “no pueden pasar al estudiante porque no está preparado para ir al nivel siguiente”, lo que parece ser falso ya que “una materia no determina lo que sabemos”, ni debería detener el desarrollo humano de un estudiante, el que miden con pruebas a todas luces memorísticas y parcializadas que “hacen que un estudiante esté hasta tres años en el mismo nivel (sobre todo en sétimo)”.

Es tan central la evaluación en el colegio que determina quien tiene el poder en la institución, pues el comité de evaluación parece ser la máxima autoridad y creemos que posee un poder desproporcionado. “El comité de evaluación es injusto, no representa nuestros intereses, ellos debería ser electos también por los estudiantes”. Eso sería mejor ya que no tenemos buenos representantes, “en la semana cívica elegimos a un presidente estudiantil pero éste no hace nada por nosotros, no nos defiende, por eso es mejor que todos participemos en la elección del Comité y que no sea sólo el director”. “Si uno le dice al director que ese Comité de evaluación está mal, no le hacen caso a la opinión de uno”.

No sólo tenemos una “evaluación” academicista, sino que también nos imponen dede el MEP un currículo rígido, de escritorio. Por el contrario, “deberíamos tener un currículum donde uno pueda escoger entre algunas asignaturas, no importa que hayan bloques de materias, eso es bueno porque así uno escogería lo que más le sirve o interesa”. “No importa si hay un bloque común que nos de cultura general, pero que después o al lado de él se nos deje escoger otros bloques” o énfasis, “que podamos ir decidiendo sobre que queremos aprender”. Eso “sería bueno para no estar todos recibiendo y haciendo lo mismo y para evitar la deserción”. Sería bueno hasta “participar en la escogencia de las materias que se debería dar en el Colegio”. Nos dan materias que no nos interesa, “quien va ser biólogo, matemático o químico, si a caso uno en todo el colegio” y, sin embargo, “a todo el mundo nos hacen tragarnos todo, debería darnos lo que uno escoja, lo que a uno le interese”.

Se “podrían integrar materias”, por ejemplo, matemáticas y ciencias, español y sociales y otras y “que hagan proyectos en conjunto de forma dinámica y evitando repetir acciones en cada una”, sino más bien que “una misma acción hecha por el estudiante en el proyecto sea valorada desde las materias implicadas”, una evaluando la parte científica, otra las operaciones matemáticas involucradas, otras la redacción, otra la historia del tema y así sucesivamente.

Eso evitaría abusos de algunos profesores que realizan proyectos sin ninguna o con poca claridad, pues nos vacilan y humillan poniéndonos hacer cosas con niveles de perfección casi imposibles, por ejemplo, “nos han puesto hacer una maqueta sin un fin claro para nosotros, sin identificarnos con él, se nos calificó con grado de perfección asombroso y se nos insultó diciendo que habíamos hecho unas cochinadas, además terminamos contaminando el ambiente pues después de la regañada la votamos en el basurero, se nos exigió como si fuera un proyecto de arquitectura y ni siquiera sabemos que estamos aprendiendo con ello”; consideramos que se deben usar materiales pero deben ser para realizar actividades que nos interesen y que respondan a nuestra realidad, a nuestras limitaciones y nuestras potencialidades.

El tiempo que uno permanece en el colegio debería revisarse, nos mantienen mucho tiempo en el colegio con horarios muy pesados, con recreos muy cortos, “deberían ser más largos, los de cinco minutos no dan tiempo ni siquiera para salir a la puerta”. Eso cansa, desmotiva y estresa mucho.La

martes, 14 de octubre de 2008

Escenarios investigativos desde la pedagogía crítica: culturas colegiales, juveniles y políticas

Escenarios investigativos desde la pedagogía crítica:
culturas colegiales, juveniles y políticas

Maurizia D’Antoni
Luis Gómez Ordóñez
Juan Gómez Torres
José Fabio Soto Arguedas
La presente ponencia pretende compartir los avances de la investigación “Alfabetización crítica en la cultura escolar: cultura política en la educación secundaria costarricense”. Proyecto que inicia sus actividades en el año 2005, patrocinado por la División de Educología del Centro de Investigación y Docencia en Educación (CIDE) de la Universidad Nacional, Heredia, Costa Rica.
Vamos a presentar en primera instancia una introducción que incluye los antecedentes del proyecto, los objetivos y las instituciones participantes; en segundo lugar vamos a compartir algunas ideas sobre Paulo Freire que inspiran el desarrollo del proyecto; en un tercer momento se compartirán los avances de las observaciones y entrevistas realizadas en el Liceo José Joaquín Vargas Calvo; seguidamente, en cuarto lugar, vamos a categorizar las nociones de lo cotidiano en las culturas colegiales; en quinto lugar, se presentan perspectivas de los jóvenes sobre la cultura colegial, y por último, haremos unas apreciaciones finales.
1. Introducción
Los colegios públicos muestran graves signos de deterioro en términos de cobertura y permanencia de los estudiantes (eficacia del sistema educativo), al punto de que Mora y Ramos (2002, p. 25) sostienen que “en promedio anual, el sistema de educación secundaria diurna no logra retener a 1 de cada 10 adolescentes”. Y agregan, “hay una brecha entre la capacidad de retención de adolescentes en el sistema educativo entre los centros públicos y privados. Mientras la exclusión en centros públicos alcanzó un 13.4% en el 2002, en los centros privados fue de 1.8%... En ambos casos, urbano-rural, los porcentajes alcanzaron cerca del 12%. En el sétimo año se empezó a desgranar el camino por secundaria, ya que uno de cada cinco adolescentes que cursó ese año abandonó el estudio, lo cual es evidente en los centros públicos” (p. 27). Lo anterior refuerza la idea de que el sistema educativo formal costarricense no está exento de fisuras, y que más bien no cumple exitosamente con el objetivo de asegurar un desarrollo humano sostenible para el país. El problema de la desescolarización y del rezago educativo, particularmente graves en secundaria , tiene carácter estructural, y entre sus efectos, “conduce a un perfil de baja escolaridad de los ciudadanos en edades juveniles y adultas, que además de afectar sus posibilidades y oportunidades de bienestar, afecta el nivel de integración, equidad y cohesión social de la Nación” (Ídem. p. 36).
El problema de la alta desescolarización en la educación secundaria pública, es un asunto bien documentado en la investigación educativa del país. No obstante, el estudio en profundidad en los mismos contextos educativos y desde la perspectiva de los estudiantes, de los motivos de su deserción y/o exclusión del sistema, no han sido suficientemente investigados. Esta investigación define como uno de sus objetivos caracterizar el currículo escolar y las formas de resistencia cultural en las culturas escolares, por que parte de que sólo con la observación y conocimiento en profundidad de los ambientes escolares, de sus dinámicas y resistencias, es posible ofrecer respuestas a la pregunta por los motivos de la deserción. Menos aún se ha trabajado en el país, en la elaboración de propuestas pedagógicas pertinentes para hacer del currículo escolar un espacio donde conciliar los intereses de los estudiantes, con los propios del sistema educativo y del contexto, y, para replantear los procesos de alfabetización que se desarrollan con los estudiantes de secundaria, en el sistema educativo. La alfabetización ha sido entendida en sentido estrecho como el proceso de enseñar a los estudiantes las herramientas y los conocimientos considerados fundamentales, para lograr su inserción exitosa en la vida productiva y ciudadana del país. Estos conocimientos y la forma en que se los administra, constituyen el currículo escolar, fundamentalmente, contenidos específicos de las asignaturas básicas y especiales del plan de estudios, que generalmente se presentan de forma aislada y descontextualizada a los estudiantes. El replanteamiento de los medios y los fines de la alfabetización entendida como tarea política, cultural y pedagógica, incluye colaborar para que los estudiantes desarrollen los conocimientos y destrezas sociales y políticas, necesarios para facilitar su comprensión crítica del contexto local y global, y de su lugar y posibilidades de acción en él. Estos asuntos son de extrema importancia, por que inciden directamente en la construcción de principios y prácticas democráticas en los ambientes escolares, que bien pueden ser reproducidos en el contexto social más amplio.
Los retos del mundo contemporáneo son complejos y plantean necesidades en múltiples ámbitos del desarrollo. En este contexto, la educación y en particular las culturas escolares, están llamadas a ocupar un lugar central en la defensa de los principios democráticos. Esto es así por que a pesar de los cambios y desorientaciones que experimenta el sistema educativo costarricense, y a pesar de que en el contexto social más amplio, asistimos a una fuerte desarticulación de los espacios sociales tradicionales; todavía hoy los colegios, constituyen un lugar de contención física y emocional para los jóvenes, un medio de socialización y de construcción de nuevas identidades, un espacio para la producción y no sólo para la reproducción de importantes valores y prácticas democráticas, además de un medio de transición y preparación para la vida productiva.
La educación constituye un campo de interés social por que tiene a su haber formar a los futuros ciudadanos y trabajadores del país. No obstante, vista en detalle, en el cumplimiento de sus funciones en los espacios escolares, la educación y los procesos pedagógicos que desarrolla, revelan una fuerte ausencia de vínculos entre las necesidades de los procesos educativos, las necesidades de los jóvenes, y los retos del contexto local, regional, nacional y global que estamos viendo nacer. Esta desvinculación, o en otros términos, la ausencia de una perspectiva de 'totalidad' , obedece al acento marcadamente desarrollista que en los últimos cincuenta años ha inspirado las orientaciones y políticas educativas en el país . Restringidas las funciones de la educación en el imaginario social costarricense, concibiéndola como un medio para alcanzar el desarrollo económico personal y de la nación, olvidadas sus obligaciones y retos políticos y culturales con la protección de la equidad y la diversidad; la educación parece estar contribuyendo fuertemente al ensanchamiento de las desigualdades sociales y a la ausencia de sentido. En este contexto la investigación de la cultura política en las culturas escolares, así como la construcción de un modelo pedagógico para la alfabetización crítica de los jóvenes en la secundaria, responden a la necesidad más general de revitalizar el sentido político, democrático y pedagógico del trabajo educativo.
El sistema educativo costarricense demuestra estar en crisis. Urgido por responder a los desafíos de un mundo en reestructuración, y la vez, por conservar lo mejor de la tradición democrática nacional, se mueve en medio de profundas tensiones políticas. Finalmente, lo que está entretejiéndose, es el modelo de desarrollo que orientará el futuro de Costa Rica, y los mecanismos a través de los cuales la educación contribuirá a su formación. Por eso, la crisis del sistema educativo costarricense bien puede decirse que gira en torno a la definición misma de sus finalidades.
En este sentido, el proyecto "Alfabetización Crítica en la Cultura Escolar" se formula el siguiente problema de investigación: ¿De qué forma puede contribuir la pedagogía, con la resignificación de la cultura política y los principios democráticos en la educación secundaria, necesarios para colaborar con la construcción de un estilo de desarrollo nacional, comprometido con la defensa del desarrollo humano sostenible?
Además el proyecto se plantea los siguientes objetivos: Contribuir con la resignificación de la cultura política en la educación secundaria y articular en Costa Rica un campo de investigación educativa, sobre la cultura política en las culturas colegiales. Estos objetivos los vamos a desarrollar en dos instituciones de secundaria, una en San José, el Liceo José Joaquín Vargas Calvo y otra en Alajuela, el Instituto de Alajuela. La metodología de trabajo es la investigación acción, ya que se pretende que al conformar un grupo progresista dentro de la institución educativa se promueva la concientización y la transformación desde lo interno.
2. La Pedagogía Crítica desde Paulo Freire: ética y política.
Para Freire el fin principal de la educación es la emancipación del sujeto, proceso que para no ser bancario debe lograr su autoliberación, esto es, que el oprimido construya por sí mismo los medios y procesos para su liberación. Ese proceso pedagógico de la indagación esperanzadora es dialogal y democratizante, político y ético, cognitivo y experiencial. Consiste en una propuesta pedagógica viva, concreta, histórica y contextual, que intenta como dice Freire devolverle la palabra al sujeto, una palabra que comunica en la horizontalidad, “quien enseña aprende al enseñar y quien aprende, enseña al aprender” (2003, p. 40).
Para este pedagogo brasileño la horizontalidad es central en ese proceso educativo, tanto la enseñanza como el aprendizaje son partes integrales de del mismo, que es colectivo, ético y político. La verticalidad se impone como método para perpetuar el estatus quo, o como señala el mismo Freire “en nombre de la preservación de la cultura y del conocimiento…”, anulando el conocimiento y la cultura misma. Para él, en la verticalidad no hay conocimiento, el alumno es llamado a memorizar los contenidos programáticos transmitidos por el profesor, así el educando es una apropiación ideológica del maestro que niega su ser y lo reduce a objeto moldeable.
Esa “educación” irreflexiva y reproductora desescolariza, vacía de contenido a la escuela, la despolitiza, lleva al educando y a los docentes, que no resisten, a la desesperanza. De allí que sea importante resistir en la escuela-colegio, para (re)construir una forma de ser que se ha pretendido difuminar en el tener o el consumir; ese resistir es necesario para que los jóvenes resignifiquen sus espacios, los doten de contenido, de expectativas, intereses, sueños y esperanzas propias.
La escuela-colegio es una experiencias difícil, dolorosa y angustiante para aquellas personas que no desean ser moldeados por otros, que no encuentran el contenido o significado propio a los vivencias en esos encierros (Foucault, 2000). Dicho de otra forma, cuando la escuela-colegio ya no es un espacio que (re)signifique para el estudiante; aunque permanecer allí ya es resistir, pero resistir es solo el inicio de un proceso humanizante e inclusivo que enfrenta a la estructura deshumanizante de la escuela. Por eso, no extraña que muchos prefieran desistir, ser parte de la exclusión-expulsión propiciada por esos encierros adultocéntricos.
Resiste tanto el docente como el estudiante. Por ejemplo, el docente lo hace cuando propicia la creatividad y el proceso de perfectibilidad propio del ser humano, cuando no dirige, administra, gerencia, capacita o instruye al educando sino cuando le devuelve la palabra para que, mediante algunas mediaciones pedagógicas del docente, el educando pueda construir los procesos necesarios para su emancipación. Por su parte, el educando resiste cuando no acepta que la escuela-colegio es una estructura monolítica dadora “a priori” de sentido a su vida, cuando siente que la misma no tiene sentido, no tiene razón de ser para su existencia, cuando comprende la “dinámica” colegial que reduce la cultura escolar a la obtención de un título para continuar con su proceso de sobrevivencia, también resiste cuando se revela contra la figura del adulto todo poderoso, que le violenta su determinación en el mundo.
Esto último nos recuerda aquella máxima que afirma que la violencia genera violencia, el adultocentrismo característico de nuestra sociedad occidental es una buena muestra de ello; por eso, al respecto, no extrañan múltiples reacciones de los educandos en los centros educativos costarricenses. Reacciones como dormirse en clases, bostezar con fuerza, interrumpir constantemente el sacro discurso del docente, burlarse o reírse de cuanto pueda, fugarse o escaparse de la clase, insultar al docente, amenazarlo, descalificarlo, escupirle, pegarle; otras reacciones menos violentas pero también resistentes a ese exaltado adultocentrismo son, entre otras, la búsqueda de formas alternativas de educación, de construcción de su propio aprendizaje y de su propia libertad (mediante la literatura, red cibernética, programas televisivos y radiofónicos de escape o reflexivos; así como el acompañamiento de estudiantes y docentes afines a su pensamiento…). En ambos casos es una manera de dotar a la escuela-colegio de sentido propio.
En esa resistencia, en esa dotación de sentido, la pedagogía crítica puede liberar, puede posibilitar espacios para la problematización, con contenidos alternativos al educando, propios de sus realidades y necesidades que le devuelvan la palabra o el derecho a construir su propia vida, su propio aprendizaje, a vivir su angustia de estar en el mundo de forma conciente y reflexiva, a construir procesos ético-políticos significativos que le ayuden a develar la realidad para evitar una falsa conciencia del mundo, a resignificar sus experiencias, a reedificar la escuela-colegio desde el joven y desde los jóvenes, a exigir ser tratados como personas concretas en el hoy y en el ahora, no en el futuro o en el mañana, resistiendo esa especie de no ser o de ser a medias.
Por eso, para Freire, se llega a la educación problematizadora o liberadora (“situación gnoseológica”) solo si se supera la contradicción educador-educando propia de la educación bancaria y estableciendo un diálogo entre ambos de forma horizontal como lo hemos señalado; contradicción que se supera entendiendo que “nadie educa a nadie, nadie se educa solo y los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo” (2003, p. 19); es decir, practicando una pedagogía del oprimido. De este modo el educador cuando educa también es educado y el educando cuando es educado también educa, se establece una relación recíproca en donde ambos se convierten en sujetos del proceso educativo.
La educación problematizadora depende de la dialogicidad, de la interrelación, del intercambio de conocimientos, la resolución de problemas y desafíos mediante la reflexión; como tal, es un proceso activo y permanente, un “siendo” en el mundo con otros, el cual tiene que desmitificar para liberarse (Freire, Op. Cit., p. 42). Freire sostiene que la educación problematizadora llevaría a la búsqueda reflexiva del por qué de las cosas y ello no lo soportaría ningún “orden dominante”, pues lo que no controla dicho orden lo suele rechazar o soterrarlo.
Así visto, el carácter mediador de esa pedagogía posibilita las condiciones para que los oprimidos construyan su propio proceso emancipador llevando al estudiante a ser sujeto de su propia formación (ídem., p. 43) de modo que sea capaz de transformar su realidad y de buscar sus propios caminos de lucha (ídem., p. 60). De esta manera, parafraseando a Freire, la pedagogía debe devolverle la palabra, debe posibilitar su autoliberación, desde donde podrá realizar las acciones políticas y éticas necesarias para transformar su entorno, construyendo un mundo más equitativo y justo, en el que quepamos todos (como diría el Subcomandante Marcos).
En suma, para Freire “la educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo” (1980, p. 7) y por tanto, el fundamento de su praxis está “en la convicción de que el hombre fue creado para comunicarse con los otros hombres” (Op. Cit, p. 8).
Así vista, la pedagogía crítica promueve un nuevo tipo de sociedad y de ser humano, uno más integral, crítico, reflexivo, problematizador, transformador, creativo, ecológico… Para ello propone la (re)construcción de una nueva escuela-colegio, de un nuevo currículo, un currículo contextualizado, donde el educando ha de ser sujeto de su propia formación, de modo que sea capaz de transformar su realidad y de buscar sus propios caminos de lucha como diría el pedagogo en cuestión (2003, p. 60), es decir, con ello se pretende dar primacía a la formación integral sobre la cualificación para el mercado.
3. El colegio como obstáculo para la construcción cognitiva.
Después de lecturas, discusiones, seminarios y varias actividades de preparación para la investigación, cuando finalmente se entra al colegio para observar, se puede llevar uno sorpresas. Puede ser interesante reportar que algunas del equipo de investigación trabajamos como docentes en la escuela secundaria y que esta experiencia no proporcionó las mismas informaciones sobre el proceso de enseñanza aprendizaje que la observación sistemática de la actividad de aula.
En una situación o en la otra observás con desconcierto el desagrado, el dolor, el rechazo de los estudiantes en las aulas y hacia la institución educativa y esa experiencia produce en los investigadores rabia y pesar. Los estudiantes son personas llenas de recursos y de vida, energéticos, ocurrentes, a veces francamente brillantes. ¿Por qué ese desempate entre ellos y la institución? ¿Debe ser así? ¿No es posible un verdadero cambio? ¿Dónde se encuentran las propuestas en ese sentido?
Al entrar al colegio las ideas que revoloteaban en nosotros eran un poco estas, heredadas del debate actual y de la toma de posición consiguiente. Nos informaban conversaciones, entrevistas y jornadas de estudio a las que habíamos invitado a “expertos” pero también a estudiantes de secundaria. Habíamos tomado en cuenta, por lo tanto, sus llamadas de atención a la institución y sus propuestas.
Los estudiantes señalaban claramente el autoritarismo en la institución. En cuanto a la represión, tenían y tienen anécdotas que nos transportan a la Edad Media. La gestión democrática de la Escuela no aparecía para nada en sus relatos (así como no aparece, efectivamente, en nuestras observaciones) y ese es y era su grito: la necesidad de ser tratados como iguales con buena educación; la urgencia de recibir un trato justo, una evaluación eficaz y equitativa. En la evaluación, en el trato, con respecto al trabajo de los docentes, de los directores y del personal técnico de la institución, señalaban irregularidades de todo tipo y un rosario constante de pequeños o grandes atropellos y verdaderos maltratos.
Íbamos al colegio a hacer nuestras observaciones con los ojos abiertos en este sentido: toda esta represión, la descortesía en el trato y la inequidad en la evaluación, la falta de respeto y de norte en las relaciones generacionales, era de esperarse y generaría reacción. Buscábamos formas de resistencia: algunas las habíamos visto y experimentado nosotras mismas como docentes de secundaria.
El continuo pulso entre la institución y los estudiantes en cuanto a su expresión corporal y apariencia física es evidente: de un lado las intervenciones castigadoras, con respecto al uso del uniforme, la apariencia, el uso de elementos de adorno son ampliamente conocidos por todos los que gravitan alrededor del planeta Colegio.
Es necesario investigar el proceso por el cual funcionarios y colegas se transforman en guardianes de un supuesto orden y decoro que pasa por la manipulación de la apariencia física de los adolescentes. Ese “decoro” se defiende a partir de normativas superiores. Curiosamente, desde el año 2006 el nuevo Ministro de Educación Pública es Leonardo Garnier, quien tiene el pelo largo, y expresa ideas más elásticas que no anteponen la apariencia a los contenidos propiamente didácticos .
La investigadora María Bartely Busquet (2000) reflexiona acerca de la entrada al campo en una investigación de corte etnográfico en educación. Constitución de campo, construcción del objeto de investigación, niveles de análisis, papel del investigador en cuanto sujeto y objeto del conocimiento: son algunas de las reflexiones y cuestionamientos que guiarán el trabajo de los investigadores. Bartely Busquet recuerda que el estudio de la educación ha sido abordado por diferentes disciplinas de las ciencias sociales y la diversidad disciplinaria se justifica por las dificultades de insertar lo educativo en un campo metodológico y teórico específico. Sabemos la urgencia, en este lugar y momento histórico específicos, de ofrecer propuestas para el cambio en el ámbito educativo, mientras la velocidad de las transformaciones en campo cultural y social es abrumadora.
La propuesta de Bartely Busquets es, en cambio, la de enfatizar la importancia de los aspectos culturales y sociales del trabajo escolar, y de incluir el carácter constructivo de la dimensión conceptual y analítica que se emplea en cada caso analizado. Al proceder de esa forma, también la formación del maestro es tomada en cuenta. La cotidianidad escolar es documentada y analizada a través del uso del diario de campo, de los registros de observación, de las entrevistas.
El investigador educativo, según esta propuesta se hace antropólogo, al poner el contexto en el centro de su interés: los sujetos escolares atravesados por su realidad social y política.
Bartely Busquets introduce el concepto de “cultura”, típicamente derivado de la antropología, en cuanto clave para la interpretación de lo que sucede en el aula y en la escuela en general. Esos estudios serán “en caso” y no “de caso”, trabajo que se esfuerza por “particularizar la generalidad” en lugar de hacer lo contrario.
¿Etnográfico como cualitativo? La respuesta no es univoca. Nosotros escogemos apostar a un estudio de tipo interpretativo que acepta el reto de examinar particularidades en contexto, para construir a partir de allí hipótesis y propuestas generales.
Una de las interrogantes que tiene que guiarnos es relativa a la pregunta que informa el interés del investigador. La investigación etnográfica, siempre según Bartely Busquets, reconoce la importancia de las prenociones y la presencia de preguntas generales iniciales, sin faltar a la vigilancia de la recuperación de las categorías sociales de los sujetos que se investigan, para llegar a una síntesis comprensiva.
En nuestro caso, creíamos que la pregunta estaba muy clara. En un comienzo nuestro interés, fruto de lecturas, de investigaciones previas que tomaban en cuenta la observación pero también una lectura crítica en general de la realidad social y política del país, iba hacia detectar estrategias de resistencia en las aulas, fácil previsión en un contexto de clima de aula caracterizado por la verticalidad y el autoritarismo. En un segundo tiempo el interés se dirige a la desconstrucción cognitiva que se opera en el contexto de las clases.
Al acercarse a las clases “armados” de la propuesta teórica que vincula la construcción de nuestro aparato cognitivo con un marco constructivista en el proceso de enseñanza aprendizaje, se piensa verificar la presencia, en el aula, de estrategias incluyentes.
La educación tradicional que se expresa a través de interacciones autoritarias, verticales, excluyentes, de manipulación del cuerpo, no es “contaminada” por propuestas del conductismo (como a menudo se escucha, equiparando “mala educación” a “educación conductista”).
Con nuestro asombro vemos y seguimos viendo lo que nos parece conformar, en la relación de enseñanza – aprendizaje, un verdadero plan de desmontaje de capacidades cognitivas. ¿Qué hubiera dicho Vigotsky, con su propuesta de la Zona de Desarrollo Próximo y su visión del papel educativo del docente?
¿Qué se observa? El profesor tiene su planeamiento en el cual no hay incursiones de los estudiantes que no sean preguntas del tipo “puntuación sobre el texto ya escrito”, el humor es entonces una interrupción.
Se hacen muchas preguntas sobre la metodología, las fechas y los contenidos de las evaluaciones, y se pierde mucho tiempo en eso. Los profesores recalcan, escriben fichas, insisten sobre temarios y contenidos. La evaluación y el discurso sobre la evaluación toman un tiempo largísimo. Los 200 días son ridículos si se evidencian esas pérdidas de tiempo.
Se construyeron, por lo tanto, guías de observación que tomaran en cuenta el hallazgo de lo que nos parecía estar organizado de manera tan coherente que parecía correcto llamarlo un plan, un proyecto. ¿Adónde llevaba ese proyecto?
Como se vio anteriormente, las primeras inferencias y conjeturas a las que nos llevó el proceso giraban en torno a la verticalidad de las relaciones y al control autoritario de los estudiantes, y el control del cuerpo de los jóvenes era uno de los principales campos de batalla.
Muy pronto las actividades de recolección de datos, en cambio, empezaron a dirigirse hacia la construcción de lo cognitivo propio de la actividad, llamémosla por un momento de enseñanza y aprendizaje, dándonos cuenta de que lo que veíamos suceder se ubicaba paradójicamente en lo opuesto de lo que proponen los manuales de didáctica, no importa cual sea el enfoque teórico.
Proponiéndonos observar la relación profesor–estudiante, habíamos preparado un instrumento para la recolección de datos relativo a la presencia y cualidad de los saludos, la ubicación en el espacio de los actores, uso del espacio y elementos tales como quién iniciaba a hablar y la calidad de las intervenciones de los estudiantes en el aula.
Los estudiantes no hablaban nunca. No hablaban en el sentido que ni una vez la clase fue encomendada a sus aportes, la puesta en común de sus saberes, la interrogación acerca de sus intereses, su bienestar, sus entusiasmos.
Nunca se le dio espacio a una reformulación de lo expresado por el profesor y no asistimos ni a un solo enlace, propiamente realizado, con la clase o con el segmento anterior: Se entiende como “enlace” la actividad educativa que prevé la continua vinculación de los nuevos temas con el material ya trabajado en clase. Esa vinculación es una reconstrucción activa y participativa del “dónde estamos” con nuestro relato, la material, los conocimientos, “qué significa eso para nosotros” y también de “qué prevemos que vaya a seguir”.
Los estudiantes no actúan ni se perciben como grupo. La fragmentación es un concepto recurrente en las modalidades didácticas, producto de una actividad resistente por parte de los docentes, creemos, más que de la intención didáctica. Si fuera una intención educativa, sería la de reducir el material a elementos básicos con la finalidad de una mejor asimilación y con concatenación entre ellos, pero la concatenación de los conceptos o los elementos no aparece como actividad intencional programada por él (la) docente.
Lo anterior, nos parece, es uno de los elementos que provoca la direccionalidad de la actividad didáctica, del docente hacia cada uno de los estudiantes, no como grupo, sino individualmente. En el transcurso del año lectivo el mismo espacio parece indicar cómo se va destramando la constelación del grupito de estudiantes que rodea el o la docente, y el grupo de quienes a los que no se dirige la actividad didáctica ni la atención del docente. En el fondo del aula estos “olvidados” se balancean en la silla, mantienen conversaciones seguidas o esporádicas con uno o dos de sus vecinos, teclean en sus teléfonos celulares, a veces mandan mensajes gestuales o verbales a otros estudiantes, discuten en el aula. Su atención de personas virtualmente ignoradas por la intención comunicativa del o de la docente, en algunos casos lucha por mantenerse vinculada a la actividad de aula, luego, como es obvio, salta y se da por vencida. En algunos casos estos estudiantes periféricos buscan la inserción en la actividad de aula a través del humor, pero es muy difícil que esos intentos generen una recuperación a la actividad de la clase y de la atención.
La atención se mantiene por lapsos de pocos minutos. De nuevo fragmentación, en este caso de la atención individual. En el caso anterior, los estudiantes excluidos de la atención del docente parecían personas que caminaran hacia un grupito de personas conversando en una fiesta, para tratar de insertarse. Lo hacían utilizando el humor, por ejemplo. En este caso, la sensación es que de repente el muchacho (a) quiera protegerse del aburrimiento, del sentido de ser extraño a lo que sucede, de la confusión cognitiva u otro; parece que de repente se repliegan como quién se proteja la cara con la parte interna del codo, para no recibir un golpe. Simplemente “desenchufan” su atención después de haber brevemente examinado lo que se les propone. Evidentemente, el análisis que en ese breve momento realizan los lleva a desprenderse de esa actividad para volver o tratar de volver más tarde. En algunos casos será “demasiado tarde” en el sentido de que se habrán perdido un anillo clave de la cadena del razonamiento y se quedarán afuera de la explicación o de la concatenación. Muchas de estas breves huidas hacia la conversación con el vecino transformarán la experiencia de la clase de los muchachos y las muchachas en un colador del discurso del docente. Lo que el docente estaba diciendo en su monólogo centralizado se quedará con ellos resumido, por los conocidos mecanismos de la memorización de un discurso oral, pero también “lleno de huecos”.
No se recurre a los saberes de los estudiantes. Cuando muy rara vez los (as) estudiantes aportan algo que aprendieron fuera del aula, algunos de los docentes más sensibles lo toman en cuenta, pero no hemos asistido nunca a la integración de esos saberes y a la construcción de la estructura de la clase alrededor de ellos. Los conocimientos previos de elementos de la misma asignatura que se está viendo, no son rescatados y trabajados, siendo también el papel de la tarea en la casa, como se ha visto, subutilizado.
Las clases de música que se han observado consistían en trabajar elementos muy básicos de lectura musical y ensayos de cantos y bailes mal definidos como “típicos”. Estas últimas actividades interesaban a un reducido grupo de participantes, mientras que el resto de los estudiantes se perdían, a veces físicamente saliendo del aula, con o sin pretexto. Parecía que la docente estuviera más interesada en el pequeño grupo de bailarines escogidos que en concederle importancia a los “escapados”.
4. Nociones de lo cotidiano en las culturas colegiales.
Estudiantes, profesores, aulas, pasillos, paisaje que resulta tan común como extraño en referencia a lo que acá se denomina culturas colegiales y a las nociones de la misma, pues la ambigüedad antes enunciada resulta comprensible en cuanto se hace referencia a al colegio de forma habitual, muchas veces en referencia a la experiencia que se ha tenido en torno al mismo, pero omitiéndolo como espacio en el cual se desarrolla y adquiere expresión la cultura colegial, de modo tal que implica también un acercamiento a las interacciones que ahí se dan, los hábitos y conocimientos que les son inherentes en tanto cultura, en el contexto especifico del colegio.
Es por tanto preciso iniciar contextualizando en primera instancia sobre el colegio dentro del entramado social, lo cual permitirá comprender las aproximaciones a la cultura colegial, aspecto que remite a los actores, en este caso al profesor y los alumnos.
Puede ubicarse el auge de las reformas en cuanto cobertura y fortalecimiento en las directrices políticas de los gobiernos hacia finales de la década de los cuarentas, el ejemplo paradigmático residiría en la caracterización de Calderón Guardia, del Estado, como “Estado maestro”, la referencia responde a un contexto en el cual Estado asumía la educación como un derecho y por tanto ha de brindar garantías al respecto, pero más allá de ello la aseveración remite además a las relaciones existentes entre la institución educativa y la ciudadanía misma, desde luego es pertinente preguntarse ¿Qué funciones se atribuían a la institución educativa y cuales se atribuyen ahora? En la actualidad las políticas educativas parecen estar primordialmente influidas por criterios que atribuyen especial preponderancia al mercado, pensando de esta forma en las concepciones en torno a la educación, la pedagogía, el papel de los profesores y las expectativas hacia los alumnos dentro un marco rígido –cuando no violento- sustentado en parámetros como la competencia, la eficiencia y la calidad donde se educa para el mercado como si este fuera un deus ex machina.
No obstante, la inflexibilidad del marco antes consignado genera también generan resistencia que tiene su lugar en la cultura colegial en las interacciones entre los actores, y que trasciende la dimensión oficial del espacio del aula, y se manifiesta en los pasillos, en las conversaciones, en las formas de apropiarse del espacio con mensajes en las paredes, en las actividades deportivas, en todo aquello que podría denominarse como la experiencia que permite reivindicaciones al sujeto, las acciones y al espacio mismo para dotarlo de sentido.
Los pasillos se convierten entonces en escenarios de lo posible, donde convergen las preocupaciones por circunstancias personales, de la vida de las personas en su cotidianidad con temas políticos, una escena donde lo político se palpa en el “performance” de lo cotidiano. Es en este lugar donde resulta más proclive concebir las funciones contingentes de la institución en la construcción de otro proyecto de sociedad, una apuesta, un imaginario posible que se puede rastrear en el discurso de los jóvenes, quienes reclaman a un sistema que margina en su adultocentrismo.
Y es en este lugar espacialmente ubicado fuera del aula donde la pedagogía crítica también asume un compromiso hacia el sujeto, sus acciones y reivindicaciones ante lo opresivo.
Pues la aproximación que se hace hacia la cultura colegial es a partir de la caracterización de la dinámica y problemáticas de estudiantes, profesores y de la cultura colegial como un espacio de resistencia ante el discurso homogenizante.
Esta aproximación ha realizarse de forma simultanea hacia alumnos y profesores, donde la cultura experiencial, la cultura política y las culturas juveniles aparecen de manera transversal.
A partir de lo anterior es pertinente abordar entonces la representación del profesor, el imaginario de los (as) profesores, las imágenes posibles, las que caben dentro de la cultura colegial, a la vez considerando pensar en el la figura del profesor con respecto a las prácticas del discurso establecido y desde luego la perspectiva del profesor sobre las culturas juveniles.
En la construcción del imaginario a partir de las conversaciones y la entrevista se consignan las siguientes imágenes:
“Ser buen profesor es ser persona, buena persona y a demás creo que viene por añadidura” (J).
“solo sé que a mi me gusta mucho lo que hago, me gusta dar clases, compartir con los muchachos, me defino con entusiasmo en lo que yo hago.” (M).
“A mi me gusta mucho mi profesión” (M1)
En todas se atribuye importancia central a su calidad como persona (la satisfacción personal hacia lo que se hace), pensada en relación a la interacción y la experiencia misma.
Lo anterior coincide con las nociones en torno a los referentes experienciales de los profesores en donde al pensar en el profesor que más influyo afloraron las siguientes características:
“Fue una persona que estuvo siempre con nosotros”. (M)
“Era de una persona de gran sensibilidad” (M1)
“Todos los profesores que yo tuve me llamaron mucho la atención por ese sentido de vocación que tenían.” (J)

A su vez aparece de manera constante un posicionamiento con respecto al discurso de lo establecido en la cual hace afectiva la crítica a determinados aspectos de las políticas educativas (por ejemplo las arbitrariedades del calendario, el programa para algunas materias y las pruebas nacionales mismas).
Lo anteriormente mencionado permite comprender las formas representar aspectos relacionados con el contexto y la forma misma en que se han auto-representar los profesores en ese escenario, esta última además se verá permeada por las formas mismas en que los (as) sujetos se apropian de la representación existente en torno a su rol como profesores (as) en la cultura.
No obstante, habría que señalar que la comprensión y formas de apropiación de la cultura funciona de varias dimensiones, pues se puede pensar que ubicarse como profesor dentro de la cultura colegial alude también a asumir una rol especifico dentro del contexto especifico y por tanto una forma particular de apreciar los fenómenos e interacciones que ahí tienen lugar, lo cual se puede constatar por ejemplo en relación a la posición que se asume con respecto a las culturas juveniles desde la perspectiva del profesor:
“no tienen un visión muy clara eso en lugar de servir para abrir discusión o análisis, es una apatía es un no querer hacer nada sin la ley del menor esfuerzo, ya no quieren ni siquiera participar ya menos cuando uno exige una cosa menos ahora ya ni siquiera participación… como que hay conformismo” (J).
En esta lectura se manifiesta una marcada posición adultocéntrica ante los jóvenes, su cultura, una suerte de coraza cognitiva que limita el espectro de visión –de lectura- del profesor ante un fenómeno tan complejo y de manifestaciones tan diversas entre las personas que le rodean en la cultura colegial. Aspecto que resulta curioso si considera que los profesores por su cercanía contextual -circunstancial- tienen un lugar privilegiado para comprender a los (as) jóvenes y a las culturas juveniles.
Las culturas juveniles adquieren especial importancia en este contexto si se consideran las manifestaciones de la voz del estudiante en la configuración de los imaginarios del aula, las reivindicaciones y apropiaciones de lo juvenil en el aula y las nociones de lo político asociadas a las distintas manifestaciones de la cultura juvenil.
Todas lo anterior resulta imprescindible si se desea realizar un acercamiento comprensivo a la cultura política del colegio pues político aparece manifiesto en la configuración misma de la escena institucional y en las (re)presiones y negaciones de lo político el currículo mismo.
No obstante, no puede omitirse de la reflexión uno de los aspectos subyacentes a las nociones de la cultura política donde convergen la dimensión institucional, los profesores y los alumnos, pues en las entrevistas ha podido apreciarse los distintos modelos de estudiante, pensados en dos vías: la primera relacionada con el “ideal de estudiante” que manifiesta de dos formas; (a) a través de la experiencia estudiantil pensada en tiempo pretérito (el ideal de la añoranza y la proyección). (b) las imágenes del itinerario critico (im) posible en el aparataje educativo actual. La segunda vía es la noción del no-modelo, que afirma el carácter inaprehensible de las personas ante el aparataje homogenizador.
5. La cultura colegial desde la perspectiva de los jóvenes.
La metodología que orienta el desarrollo de este proyecto es la investigación acción. Y hemos considerado que nuestro acercamiento a la institución educativa debe darse de manera progresiva, de tal forma que no provoquemos una contaminación de las relaciones sociales y pedagógicas que allí se desarrollan. Por lo tanto, hemos realizado entrevistas a estudiantes, a profesores y orientadoras. También, hemos visitado aulas para comprender el desarrollo de la cultura académica, institucional y experiencial (como lo indica Pérez Gómez).
Después de analizar un video (como una de las diferentes fuentes de datos recolectadas) donde los jóvenes, profesores y personal del colegio se expresan sobre las razones de porqué desertan los y las estudiantes, y como los estudiantes ven la vida en el colegio; podemos afirmar lo siguiente:
 Es indiscutible que los y las jóvenes tienen ideas sobre las problemáticas que envuelven a sus pares.
 En un mundo donde se ha promovido la comunicación digital, existe un temor a la libre expresión de ideas, tanto de jóvenes como de adultos.
 Los grupos juveniles están continuamente expresando sus ideas por medio de equipos digitales pero se sienten cohibidos cuando les toca usar la palabra.
 El temor a la expresión no sólo se ve reflejado en los y las aprendientes sino que también en las personas adultas que promueven el aprendizaje.
 Las manifestaciones corporales son muy importantes (dentro del grupo juvenil) para expresar sus pensamientos e ideas.
 Cuando expresan sus ideas relacionan el tema con otras dimensiones de sus vidas (alimentación, organizaciones políticas, consumo, participación, etc.)
 Cómo ellos y ellas son entrevistados por uno de los suyos, se respira un ambiente más de confianza, se pueden equivocar y hacer bromas.
Nos surgen las siguientes inquietudes, las cuales van a ser un norte para las siguientes acciones a seguir dentro del proyecto de “Alfabetización crítica en la cultura escolar”.
¿Cuáles serán las formas de aprendizaje que promueven los y las estudiantes en un ambiente sin la imposición de los adultos?
¿Qué forma de organización les parece más conveniente para la toma de sus decisiones (política)?
¿Cómo construyen y manifiestan su vida juvenil?
Consideramos que hay que mantener -como una practica sistemática- los espacios para que los jóvenes se expresen sin censura, sin la imposición de las normas y regulaciones que enmarcan las interrelaciones en las instituciones de secundaria. Esto nos va a permitir ir construyendo la propuesta pedagógica que soñamos. Una que nace con la participación de los interesados en “educarse”, y en la cual sus voces son tomadas en cuenta para su formulación.
6. Apreciaciones finales
Para terminar con esta ponencia, las investigaciones prueban que la escolarización tiene un efecto transformador sobre el rendimiento cognitivo: la adquisición de la lectoescritura o el aprendizaje de otro idioma, actúan sobre la capacidad de categorizar, sobre la memoria, la integración semántica, la capacidad de codificar y descodificar (M. Cole, pág. 207).
Agregándole complejidad al razonamiento, vemos que el cambio cognitivo se localiza no solamente en la asimilación de tareas y contenidos “didácticos”, sino en las prácticas culturales.
La relación maestro-estudiante es parte de las coordenadas que se pueden denominar “prácticas culturales”, aprender y ensayar esta relación, por ejemplo, dispara una construcción de sí, funcional en ámbito social. Sabemos que la escuela en general no es solamente un lugar en el que absorber conocimientos, que los saberes son los de la socialización también. Esos saberes entran en el círculo de la construcción del sí mismo, proporcionando a los jóvenes datos acerca, entre muchas otras cosas, de quién se es, del grado de aceptación que se recibe de los demás y también de cuál es la manera socialmente deseable de relacionase con la autoridad y con los pares.
Se puede llegar así a vincular en nuestra investigación, lo propiamente “didáctico” con todas esas prácticas, formas de relación, “culturas de aula” o institucionales y relacionar de esa manera nuestras diferentes inquietudes al iniciar nuestras observaciones.
En efecto, en la historia de nuestra investigación, la atención hacia las formas de resistencia, el tema del autoritarismo, del control del cuerpo y de la capacidad de manifestarse críticamente, dio lugar a otras consideraciones y preocupaciones ante una operación de “desmantelar” cognitivamente al estudiantado a trasvés de acciones repetidas y específicas.
Los profesores, como se ha visto, presentaban los temas, sin invitar a los estudiantes a vincularlos, describirlos, aportar sus saberes. En el Liceo Vargas Calvo, aparte de la hora guía del profesor de religión, nunca se registró ninguna participación del estudiantado. Mientras estuvimos allí, no registramos la presencia de investigaciones, aportes, conferencias y la escasísima toma de la palabra por parte de los estudiantes, consistían en completar la oración o la idea del docente.
Los guiones (M. Cole 1996) con la intervención de los cuales nos socializamos pueden más que, por ejemplo, los cambios estructurales propuestos por nuevas cúpulas. Nuestro nuevo Ministerio de Educación “iluminado” no parece lograr incidir en la estructura del sistema - escuela, así como se ha venido petrificando, su funcionamiento y su lógica interna.
Durante nuestra estadía en las instituciones escolares hemos hablado por largo tiempo con algunos docentes y recogido sus inquietudes, ideas, protestas. Nos queda claro que ello solos no son el problema, más bien los vemos como parte de la solución. Creemos que nunca como en este momento histórico es importante compartir con los docentes la razón de ser de la situación presente.

7. Bibliografía
Bartely Busquets, María (2000). Conociendo nuestras escuelas. Un acercamiento etnográfico a la cultura escolar. Paidós, México.
Berger, P. y Luckman, T. (1968). La Construcción Social de la Realidad. Amorrortu Editores, Argentina.
Bouzas, Patricia (2004). El constructivismo de Vigotsky: Pedagogía y aprendizaje como fenómeno social. Longseller, Buenos Aires.
Cole, Michael (1996). Psicología cultural. Morata, Madrid.
Foucault, Michel (2000). Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión. 30ª Edición en Español. Siglo XXI, México.
Freire, Pablo (1980). La Educación como Práctica de Libertad. 27ª Edición, Siglo XXI, México.
Freire, Pablo (1988). Pedagogía del Oprimido. Siglo XXI, México.
Freire, Pablo (2003). El Grito Manso. Siglo XXI, Argentina.
Giroux, Henry A (1983). Theory and resistance in education: a pedagogy for the opposition Critical perspectives in social theory. Exeter, N.H. Heinemann Educational Books, London.
Giroux, Henry (1997). Los profesores como intelectuales. Hacia una pedagogía crítica del aprendizaje. Temas de Educación. Paidós/M.E.C., España.
McLaren, Peter (1994). Pedagogía crítica, resistencia cultural y la producción del deseo. Aique Grupo Editor, Argentina.
McLaren, Peter, and James M. Giarelli (1995). Critical theory and educational research. SUNY series, teacher empowerment and school reform. Albany: State University of New York Press. E.E.U.U.
McLaren, Peter (1997). Pedagogía crítica y cultura depredadora. Paidós, Barcelona.
Mora, Rónald y Ramos, Pilar (2002). Estado de la Nación en Desarrollo Humano Sostenible: XIX Informe. Educación y conocimiento en Costa Rica: Desafíos para avanzar hacia una política de Estado. San José, Costa Rica.
Pérez Gómez, Ángel (2000). La cultura escolar en la sociedad neoliberal. Ediciones Morata, Madrid, España.
Rosas, Ricardo y Sebastián, Christian (2001). Piaget, Vigotsky y Maturana: Constructivismo a tres voces. Aique, Buenos Aires.

Reflexiones sobre coyuntura, problemáticas y propuestas de la educación en A.L.

Reflexiones sobre coyuntura, problemáticas y propuestas de la educación en A.L. PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Mesa Educacion

Como parte del II Encuentro Costarricense de Psicología de la Liberación que tuvo lugar en Heredia, en el campus de la Universidad Nacional, del 17 al 19 de julio del año en curso, se trabajó el tema de educación. Las reflexiones de esa mesa de trabajo se publican en este artículo.

Miembras/os:


Isabel Rojas (Universidad de Costa Rica, Limón).
Elent Cascante (Universidad de Costa Rica, Limón).
Michelle Rostrán (Universidad de Costa Rica, Limón).
Laura Paniagua (Universidad de Costa Rica, San Pedro).
Luis Gómez (Coordinador de la mesa, Universidad Nacional, Heredia).

La situación actual del sistema educativo

Una de los lugares comunes a la hora de hablar sobre la educación es la persistencia de la crisis, de manera tal que parece que la educación está una constante crisis, lo cual tiene como consecuencia la ineludible posibilidad de generar cambios y apuntar hacia una labor radical tendiente a la liberación y la transformación.


No obstante a esta lectura, que enfatiza en el carácter dual de la crisis, y da prioridad a la esperanza como fundamento de cualquier lucha liberadora del sujeto, se propone de forma simultanea la necesidad de analizar los discursos de la crisis en la educación, mismos que desde el poder establecido ha servido para justificar la intervención desde arriba y desde afuera el campo educativo.


Es pertinente preguntarse que es estar en crisis para quienes enuncian estos discursos –y desde luego quienes son ellos-, para diagnosticar “la inmanente crisis de la educación” son criterios recurrentes la necesidad de mejorar las capacidades competitivas, la calidad del sistema educativo y la innovación en los educandos, a todo esto subyacen varias huellas epistémicas del neoliberalismo mismo como las reglas de un sistema que se mueve discursivamente sobre el carácter ineludible de la competencia –regla que para las transnacionales tiene consabidas excepciones-, criterios de calidad definidos por esa entelequia llamada mercado y la lamentable forma en que la creatividad es útil en tanto contribuye con la compulsiva premisa de innovar que sostiene al sistema.


Por otro lado se puede asumir que hay crisis en tanto el sistema educativo esta impregnado del mercadocentrismo devenido de la oleada de contrarreformas neoliberales tendientes a socavar cualquier esfuerzo contradictorio a la al carácter actual del sistema y enfatizarlo en sus aspectos más nefastos, el carácter reproductor, homogenizador y alienante.


Sin embargo como es sabido, en la medida en que hay represión hay resistencia, y se puede pensar en personas que apuestan a prácticas pedagógicas alternativas dentro del sistema, generando rupturas epistemológicas (aún desde los contenidos) y en la praxis que tienen un potencial esperanzador en la construcción de reformas desde abajo y desde adentro.


En el análisis sobre las coyunturas, problemáticas y propuestas la escena que se visibiliza tiende a ser la antes dicha, la del aula que refiere a la educación institucionalizada, pero un lugar desde el cual se están haciendo propuestas importantes es desde la educación popular, pues su apuesta surge desde el contexto y los sujetos sin pasar por el escrutinio de los filtros de la institución y procurando responder a las necesidades de los colectivos,


Queda pendiente considerar los posibles puntos de convergencia entre ambos propuestas educativas, pues aunque la educación popular da cuenta de la especificidad y trasciende las fronteras e imposiciones institucionales, la educación formal -institucionalizada- incide en una proporción considerable de la población, por ello abandonar la posibilidad de reformarla es dejarla presa de las contrarreformas (homogenizantes y excluyentes) y es también desistir de ayudar a quienes sufren el embate de estas ultimas.


En estos momentos en los que es común la referencia a los derechos humanos, y se piensa en el derecho a la educación, queda por preguntarse que lectura tenemos de los derechos humanos ¿Es una prominentemente normativa o de verdad los visualizamos como conquistas de colectivos que han luchado por ellos? De compartir la ultima opción entonces es necesario problematizar sobre a que tipo de educación queremos tener derecho.


En cuanto a la formación de sujetos críticos y transformadores de la realidad es necesario tener acuerdos sobre algunos puntos de partida en cuanto al pensamiento critico mismo y en torno al carácter de las transformaciones necesarias.


Consideramos necesario reflexionar sobre cinco supuestos que pueden aportar a la discusión del pensamiento critico pues este:


(I) “supone siempre un poner entre paréntesis”: implica poner entre paréntesis el poder, la norma, la institución, la autoridad, el dogma, incluso la pretensión de verdad.


(II) Además hace necesario “auto-reconocimiento y ruptura” (asumirse y reivindicar la subjetividad en este acto). Auto-reconocimiento empírico de la propia condición del sujeto, sobre la cuál, como diría Bourdieu (…) opera una ruptura del sentido común.


(III) “Todo pensamiento crítico es pensamiento crítico de sí mismo”. De lo contrario no podría haber crítica.


(IV) “Todo pensamiento crítico supone el peligro inevitable de la alternativa”.


(V) “Toda crítica es socialmente ubicada” Corolario: todas las ciencias son “sociales”, incluso la espectrografía de cristales.

Recuperado de:

http://www.liber-accion.org/Joomla/index.php?option=com_content&task=view&id=308&Itemid=1